Muchas veces pasamos indiferentes por lugares que han sido y son muy caros para nuestra nacionalidad y que alejados en tiempo y espacio están relacionados entre sí e hicieron huella en los Caminos de la Patria. Tal la Casa de Ejercicios, la iglesia san Nicolás de Bari y el Obelisco, en la Capital Federal.
Antonia Paz de Figueroa, conocida como mamá Antula, nacida en Santiago del Estero en 1730, alejada de los honores y riqueza, pasó desde temprana edad a servir a Dios. A los 15 años se puso bajo la dirección de los jesuitas, colaborando con los Ejercicios Espirituales, allí aprende la metodología de los mismos. Recorrió a pie Jujuy y Córdoba llevando una cruz de madera en sus manos. En 1779 llegó a Buenos Aires, vivió primero en la iglesia de La Piedad y durante 20 años dirigió los Ejercicios, aparte de ejercer las mas nobles tareas de caridad, sin fijarse en las clases sociales.
Hacia 1795 inaugura la Casa de Ejercicios, fundada años antes, abriendo sus puertas hacia la actual calle Independencia 1190. En sus comienzos frente a una calle angosta que recorría parte de las afueras de la ciudad. Uno de los donantes del terreno fue el padre del luego presbítero Manuel Alberti, vocal de la Primera Junta de Gobierno Patrio. Es el único edificio colonial que se mantiene intacto y en buenas condiciones.
Estuvimos allí recorriendo el edificio, visitamos la celda que habitó, admirando el báculo original que le perteneció, el arcón de los milagros, el leño colocado sobre el cajón de su tumba anónima, que sirvió para identificarla décadas después. La capilla, los nueve patios rodeados de claustro, con obras de arte religioso del siglo XVIII. Conserva los faroles auténticos de la época del Virrey Vértiz. Aunque ella fallece el 7 de marzo de 1799, es decir antes del mayo de 1810, allí se enseñó amar a Dios y defender lo nuestro. Ejerció influencia entre los congresales de Mayo. Pasaron por allí, casi todos los miembros de la Primera Junta: Santiago de Liniers, Mariquita Sánchez, Saavedra, Belgrano, Rodríguez Peña, Moreno, Posteriormente Rosas y Manuelita entre otros.
Una de las personas mas ligadas a la Casa fue el presbítero Manuel Alberti, que durante un tiempo la dirigió. Natural de Buenos Aires, nacido el 28 de mayo de 1763, hijo legítimo de Antonio Alberti Y Juana Agustina Marín. Luego de una sólida formación en el Colegio de san Carlos, en el de Montserrat contiguo a la Universidad de Córdoba, que según el testimonio de los Libros de exámenes fue muy aplicado en sus estudios. En Buenos Aires su figura sacerdotal era conocida, cruzaba la ciudad a caballo recorriendo su parroquia sin limitaciones de tiempo o condiciones, para brindar sus auxilios espirituales. Su nombre está vinculado con mamá Antula y su Casa.
Fue párroco de san Benito y de san Nicolás de Bari. Antes tuvo una destacada actuación cuando los ingleses tomaron Maldonado en la Banda Oriental. Hay testimonios escritos de los vecinos consignando los saqueos y tropelías de toda clase cometidas por los invasores. Alberti se opuso valientemente, intimando a la retirada y devolver lo robado. Como respuesta su casa fue incendiada y suspendido de sus oficios religiosas.
En el Cabildo de Buenos Aires en 1810 fue elegido "Vocal de la Primera Junta de Gobierno Patrio". Fue muy considerado por todos a pesar de que comprometía sus investidura sacerdotal reñida con lo político, fue posiblemente el mas culto y de palabra más serena en el seno de la Junta.
Asistía a las reuniones en la Jabonería de Vieytes, debatiendo ideas con Belgrano, Paso, Chiclana y otros no menos importantes. En el Cabildo Abierto del 22 votó por la cesación del virrey (hubieron 10 sacerdotes que votaron de la misma manera). Es que Alberti estaba preparado para sentir el palpitar de la Patria naciente. El historiador Levene decía que la inclusión del nombre de Alberti en la Primera Junta evidenciaba el espíritu de conciliación que animaba a los autores de la lista del Primer Gobierno Patrio. Su nombre se vincula a la libre expresión del pensamiento. Fue redactor de la Gaceta. Defensor del interior votó por su consulta. Fue dueño de un discurso moderado, pero firme en las convicciones.
Falleció de manera repentina el 2 de febrero de 1811.De acuerdo a su testamento quiso que lo sepultaran en las inmediaciones de la iglesia de san Nicolás y sin pompa ninguna.
En una de las torres de su amada iglesia flameó por primera vez en Buenos Aires la Bandera Nacional. Su tumba estaba donde en la década del 30 se demuele la iglesia, para dar lugar a la construcción del obelisco, que recuerda los cuatrocientos años de la segunda fundación de la ciudad.
Al demolerse el templo desaparecieron sus restos. Hoy lo evocamos en el Bicentenario de la Revolución recordando el testimonio de Matheu: "Perdimos a un gran hombre. Debe llorarlo todo buen patriota. Es el hombre que desapareció de mi compañía. Aquel que de todo lo que tengo andado en su clase era el mejor que había conocido."
