Pocos días atrás, el Fiscal General de la Corte de San Juan, Eduardo Quattropani, presentó un balance de los primeros meses de gestión del nuevo sistema acusatorio penal, por el cual, ante un delito, investigan los fiscales y el juez actúa como árbitro del respeto a las garantías del proceso. Antes, investigaba el juez de instrucción y los fiscales tenían un papel secundario. Para llegar hasta aquí ha pasado mucho tiempo, conviene relatar algunas historias. Historia 1: Un grupo de abogados, entre ellos un par de jueces, me convocó para interpretar un cuento breve de Franz Kafka titulado "Ante la ley". Kafka se caracterizó por desarrollar metáforas por el absurdo y dedicó algunos de sus esfuerzos al desempeño de la justicia. En "El proceso" describió las desventuras de un acusado que nunca logró saber de qué se lo acusaba ni a dónde debía asistir para defenderse. "Ante la ley" comienza relatando: …"hay un guardián. El hombre del campo se acerca y solicita permiso para entrar en la ley. El guardián dice que ahora no puede permitirle la entrada. El hombre reflexiona y pregunta si podrá entrar más tarde. Es posible, pero ahora no". Sigue una larga parábola en que el pobre individuo espera, espera y nunca es atendido con diferentes excusas totalmente locas. Aunque la puerta de la ley permanece abierta al pobre hombre no le es posible entrar. "Es lo que pasa todos los días en Tribunales", respondí a mis amigos, el edificio mismo asusta con grandes escaleras de piedra, un uniformado en la puerta, todos los hombre de traje y corbata, si tienes suerte de que alguien te indique llegas a una de las tantas mesas de entrada, debes preguntar – cosa que no sabe el hombre común- si es el juzgado que te corresponde, el fuero civil, penal, económico, familiar, casi nunca el juez te atiende salvo que vayas con un profesional, terminas desalentado mientras, es cierto, la puerta sigue abierta. Mis interlocutores, acostumbrados a recorrer a diario esos pasillos casi tenebrosos, reconocieron de inmediato que tanto Kafka como yo teníamos razón. Historia 2: Corría agosto de 2011.

Se han reducido los casos de arrebatos, salideras, escruches, motochorros que eran el espanto de la población. 

El día 4 un policía de Londres mató de un balazo a un ciudadano de origen africano sospechado de ser narcotraficante. El hecho fue causa de una revuelta cuyos incendios y destrozos únicamente se compararon con los bombardeos nazis en la II Guerra. Saqueos, autos quemados, pedreas, luchas con la policía sacudieron al Reino Unido durante varios días en un fenómeno que se expandió a otras ciudades. A fines de ese mismo mes y año, aquí en San Juan el Colegio de Magistrados y Funcionarios del Poder Judicial con la presidencia de Roberto Pagés realizó unas Jornadas Científicas a las que asistieron autoridades y jurisconsultos de todo el país, Latinoamérica y de otras partes del mundo. Entre ellos Lord Justice Anthony Hooper, que vendría a ser el equivalente a uno de nuestros Camaristas. Conferencia de prensa: ¿Qué pasó con los autores de los incidentes de este mes en Londres? Terminado, están todos condenados y presos. Pero, ¿cómo? ¿En tan poco tiempo? Así es, están todos presos. Nos miramos recordando que en Argentina y en San Juan las causas demoran años y se utiliza la prisión preventiva. Volvimos a preguntar. Están presos pero, ¿también condenados? Así es. Procesos cerrados, condena firme. Algún colega preguntó por el cumplimiento de los Derechos Civiles, que entre nosotros se denominan Garantías Constitucionales. Todo cumplido, derecho de defensa y demás. No lo podíamos creer.

Vendrá un tiempo en que la consecuencia no sea más gente en la cárcel sino menos delito en las calles sanjuaninas.

Historia 3: Décadas atrás llegó invitado el economista Guillermo Mondino. Había hecho un trabajo sobre áreas ajenas a su materia, como la seguridad y la salud. Uno de ellos se llamó "El costo de oportunidad del delito". Constaba de un análisis igual a los que se realizan para una inversión. Hay un riesgo a correr, un costo a pagar y un resultado a obtener, si ese resultado da una ganancia que justifique riesgos y costos, voy para adelante, de lo contrario, no invierto. En el delito, decía Mondino, es igual: si yo robo y calculo que no me agarran, si me agarran no me juzgan, si me juzgan no me condenan y si me condenan salgo libre, el costo de oportunidad de delinquir es tendiente a cero. Por el contrario, si tengo la certeza de ser detenido, juzgado, condenado y con cárcel efectiva, es muy posible que me disuada de actuar o que lo piense varias veces. El funcionamiento del sistema acusatorio, lucha casi solitaria de Quattropani durante años, a más del perfeccionamiento tecnológico de la policía, la instalación de cámaras por todas la ciudad, la existencia de un laboratorio forense y el respaldo político para reducir el delito, han venido a resolver tanto el dilema de Kafka de acceso a la justicia, la aceleración de procesos de lo que nos contaba Hooper y aumentado el costo de oportunidad que había estudiado Mondino. Se han reducido arrebatos, salideras, escruches, motochorros que eran el espanto de la población. Era común encontrarse en una reunión con cinco personas y que a casi todas les hubiera tocado sufrir alguno de estos males. Los crímenes de violencia extrema, asaltos profesionales o bandas narcos son otra cosa, están en otro nivel y requerirán otro tratamiento. Es poco tiempo para obtener el efecto disuasión, falta que los delincuentes se enteren de que la cosa está cambiando, que ya no será fácil como antes, la publicación de estos procesos rápidos debe dar sus frutos, el asunto debe madurar. Los resultados son elocuentes, se procesa y condena más gente casi de inmediato. Vendrá un tiempo en que la consecuencia no sea más gente en la cárcel sino menos delito en las calles. Para eso falta, pero éste es el camino.