El Consejo General de Educación de la provincia de Buenos Aires resolvió cambiar el régimen de calificaciones en las escuelas primarias de esa jurisdicción, volviendo a establecer los aplazos para los alumnos de 4¦ a 6¦ grado que tengan notas de 1, 2 y 3 puntos y fijó las notas de ‘insuficiente” o ‘aún no satisfactorio” para los chicos que no cumplan con los objetivos.
Estas calificaciones numéricas habían sido modificadas en septiembre de 2014 durante la reforma del Régimen Académico de Primaria en la que los aplazos con el 1, 2 y 3 fueron eliminados, una decisión polémica criticada al quitar los aplazos por considerar que los chicos pasaban de grado sin tener ninguna exigencia y los que veían la medida como una decisión progresista para contenerlos en el sistema escolar. Se argumentó, oficialmente, que la resolución fue tomada para no estigmatizar a los alumnos con bajo rendimiento.
El ministro de Educación de la Nación del gobierno anterior, Alberto Sileoni, había defendido en 2012 la eliminación de la repetición del primer grado porque dijo que no había evidencia científica de que al chico repitente le vaya mejor y aclaró que no se trataba de una decisión demagógica o facilista, como resultado de las políticas del progresismo ideológico. También aclaró que esto fue consensuado por todos los ministros del área y que su implementación sería gradual. Desde entonces, nada se dijo acerca de la experiencia en el primer año de avance irrestricto en la primaria, aunque no se cumplieran los objetivos mínimos en aquellos alumnos carentes del estímulo al esfuerzo.
Por otra parte no hubo jornadas para conocer la opinión de los docentes que aplicaron el cuestionado sistema de calificación durante un año y medio y tampoco se consultó a los padres ya que en ellos repercuten los premios y castigos en el avance del aprendizaje. Una medida educativa que altera significativamente la rutina de la primaria y la preocupación que se despierta en las familias, merece un proceder con cautela y exhibir datos firmes y convincentes para introducir cambios, y tampoco son aconsejables hacerlos cuando se transitan los primeros meses del ciclo 2016.
Esto no quiere decir que a la gobernadora María Eugenia Vidal no la anime la necesidad de un cambio en la política educativa con mejoras que la saque de las desviaciones kirchneristas, pero cada reparo debe fundamentarse con muestras inequívocas del fracaso del facilismo demagógico.
