El buen uso del idioma está fracturado en la Argentina y, por lo tanto, debilita, confunde y o fragmenta situaciones, proyectos y evaluaciones en todos los ordenes de la vida. Es algo así como la consecuencia indeseada en un país en el que la educación viene cayendo sin que nadie mueva un dedo para cambiar la situación. El resultado de esa indiferencia no puede ser otro que precipitar, aún más el descenso cultural ya visible.

Por ello, estamos de acuerdo con el presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia, cuando dijo en una reunión de ADEPA: "Nos preocupa la pobreza lingüística en la población y especialmente en la juventud porque la educación va hacia abajo". Dijo también que la inclusión comienza en el lenguaje y que lo alarma es que la vulgaridad que antes se usaba para ofender o descalificar ahora se utilice para una protesta social tal como lo hizo recientemente Maradona.

Las llamadas "malas palabras" agreden sin que quien las profiere se de cuenta de ello lo cual marca una grado de indiferencia humana.

La palabra es el vínculo más directo entre una y otra persona, entre la persona y la sociedad y, definitivamente, es la relación más directa de un persona consigo mismo. La palabra es el vehículo que identifica todos los hechos -concretos o abstractos- en toda y cualquier circunstancia de la vida.

Lamentablemente, basta con andar por la calle atento a lo que pasa, para constatar cómo y cuánto ha cambiado el trato humano en lo que hace al lenguaje, se trate de una pareja o de amigos.

Ello permite evaluar distintas facetas de una personalidad.Y no puede ser de otra manera -¿a caso una persona no habla como piensa?- Seguramente, sí y éste es un viejo axioma que muchos conocen. Por ello, es necesario introducirse un poco más en esta relación inquebrantable entre el hombre y la palabra, por ello la dialéctica marca un nivel cultural y, por ello, deber haber una preocupación cada vez mayor en las escuelas en la enseñanza de la lengua porque la deformación del idioma se ha extendido y se ha hecho común hasta en algunos medios de difusión radiofónicos y o televisivos.

Los detractores del buen uso del idioma han inventado que están de moda las malas palabras sin tener en cuenta que producen un daño a la opinión pública ya que mucha gente no tiene forma de corroborar lo que escucha.

En la celeridad de los acontecimientos suceden muchas cosas. Por empezar, al cruzarse los acontecimientos con tanta velocidad y diversidad, se hace necesario la búsqueda de las razones básicas. Y, si esas razones básicas no están expresadas con precisión sobrevienen deformaciones muy difíciles de entender.

El ser humano debe resolver muchas cosas en soledad, por eso el mundo individual es complejo. Y, en esas circunstancias advertimos que el lenguaje y el pensamiento se desarrollan en forma paralela y se influyen recíprocamente en forma permanente. Es decir, no se los puede separar. Además, en esa interacción constante entre pensamiento y lenguaje, aparece el vínculo entre el desarrollo lingüístico e intelectual.

Se deduce, entonces, que la inteligencia es necesaria en el desarrollo del lenguaje ya que presupone la capacidad de la representación mental adecuada a cada circunstancia.

En tanto, el lenguaje, por su parte, se enriquece con la maduración intelectual y genera una expansión de conciencia en base a la calidad de las experiencias. Por ello, es básico para el desarrollo intelectual ya que constituye un medio de adquisición y aporta precisión al pensamiento.

Sabemos que han cambiado algunos códigos de la enseñanza de la lengua, no obstante hay que hacer un llamado muy especial a la escuela como institución para recuperar el buen uso del idioma.

Se sabe, también, que se escribe y se lee menos y que la escritura es la garantía natural del aprendizaje de la lengua. La palabra hablada como la palabra escrita debe ser utilizada con precisión y oportunidad.

Por ejemplo la práctica de la letra cursiva hace muchos años que se dejó. ¿Consecuencia? Un alto porcentaje de los adolescentes escribe todo en la letra de imprenta mayúscula. Y ello aunque sea entendible no es lo aconsejable.

Un ejemplo interesante. Hace muchos años en Canadá se advirtió que se hablaba mal el francés -idioma en uso en una gran parte del país- y el gobierno fijó inmediatamente las reglas para recuperar el idioma. Por ejemplo, había que rendir francés al entrar en organismos públicos pero las exigencias eran más estrictas para los cargos más importantes.

Es indispensable hablar y escribir bien. Y esto no es un logro especial sino el resultado de la enseñanza y el aprendizaje. Es una demanda para todas las generaciones que comparten este momento sociocultural.