Tanto en los textos profesionales como en las anécdotas y creencias populares, hay informes de personas que se han curado o al menos han mejorado, mediante el buen humor y la risa, de numerosas afecciones físicas y síquicas.
No cabe duda que la risa franca estimula prácticamente todos los grandes órganos y los hace funcionar mejor, por el incremento de la circulación que sigue al masaje vibratorio que la acompaña, lo que da vitalidad y resistencia a las enfermedades. Por su parte, sus efectos mentales alejan los temores, los cuales se encuentran en el origen de muchas enfermedades, y aparta al hombre de la desesperación en que probablemente caería, si se tomara demasiado en serio. Concordante son las manifestaciones de S.S. Benedicto XVI durante una entrevista televisiva, al decir: "Un escritor dijo que los ángeles pueden volar porque no se toman demasiado en serio. Y nosotros quizá podríamos volar un poco más si no nos diéramos tanta importancia".
Pero la terapia por el buen humor más valiosa, no consiste en contarle chistes al paciente para hacerlo reír, sino más bien en ayudarle a que pueda adoptar una actitud humorística ante la vida. "En efecto, el sentido del humor es más que la risa. Psicológicamente, la capacidad de ver humor en una situación, es tan importante como la risa en sí. Un individuo con un buen sentido del humor, es aquel que puede descubrir el aspecto cómico de las pruebas y tribulaciones de la vida.
Los efectos orgánicos: ¿Cómo actúa benéficamente sobre la salud, la risa y el buen humor?
La risa produce resultados fisiológicos benéficos. Ejercita los pulmones y estimula el sistema circulatorio. Provoca la plena acción del diafragma, principal músculo respiratorio. Todo el sistema cardiovascular se beneficia con una "risa con ganas", pues la respiración profunda que la acompaña, aumenta la cantidad de oxígeno en la sangre. Vemos que estas fuerzas, en apariencia débiles -la risa, el buen humor-, nos ayudan a vivir con salud, aún en medio de este mundo conflictivo.
