Un artículo de la influyente revista Foreign Affairs, titulado "Pesimista sobre Brasil” es tan sólo el último que pinta a Brasil como un país que se está quedando estancado. La nota de Foreign Affairs, un fragmento del libro "Breakout Nations”, de Ruchir Sharma, jefe de mercados emergentes de Morgan Stanley, se basa en un argumento que hemos expresado muchas veces en esta columna: el crecimiento de Brasil ha dependido demasiado del precio mundial de las materias primas, y enfrentará graves problemas cuando esos precios empiecen a bajar.
Esa tendencia ya ha comenzado, dice Sharma. China, el mayor comprador de materias primas brasileñas, anunció en marzo que su economía crecerá menos del 8% este año por primera vez desde 1998. Pocas naciones en desarrollo han logrado crecer durante varias décadas seguidas gracias a sus exportaciones de materias primas. Las que crecieron sostenidamente, como China e India, lo han hecho gracias a sus exportaciones de productos manufacturados y servicios, dice Sharma.
Mientras que China se insertó de lleno en el comercio global y se concentró en invertir en puentes y caminos, Brasil se volcó hacia adentro y no invirtió en infraestructura. Además, Brasil se perjudica al mantener una de las monedas más caras del mundo. Eso es bueno para los brasileños que compran apartamentos en Miami, pero pésimo para los exportadores de manufacturas o servicios. +Brasil debe reconocer que la época de fácil crecimiento para los mercados emergentes y de los altos precios de las materias primas se está terminando”, y debe realizar urgentes reformas económicas, concluye Sharma.
Un artículo similar de la agencia Reuters dijo que debido a que la presidenta Dilma Rousseff no ha impulsado reformas económicas audaces, Brasil se ha convertido en +un lugar cada vez más estancado”. La economía creció el 2,7% el año pasado, y se espera que crezca a un promedio del 3% en los próximos años.
En Latinoamérica, la imagen de Brasil como la nueva estrella emergente también se está extinguiendo. El ex canciller de México, Jorge Castañeda, dice que México está superando a Brasil en casi todos los frentes, incluyendo el crecimiento económico. La diferencia es que los brasileños saben venderse mejor, afirmó. Y el ex presidente peruano Alan García me dijo que Brasil es +un gigante fatigado+ que se está quedando cada vez más atrás.
Hace poco, el anuncio de que Brasil superó a Gran Bretaña como la sexta economía más grande del mundo generó una nueva seguidilla de titulares optimistas sobre el ascenso brasileño, que ahora se está revirtiendo.
A diferencia de algunos de sus vecinos como Argentina y Venezuela, Brasil piensa a largo plazo. Brasil desde hace mucho viene fomentando algunas industrias claves, como las energías alternativas y la fabricación de aviones, y busca mejorar la calidad educativa. Recientemente lanzó un programa para enviar 100.000 estudiantes universitarios al exterior, la mayoría para estudiar ciencias e ingeniería en universidades de Estados Unidos. Brasil no es un gigante fatigado. Más bien, es un gigante temporalmente desorientado, que todavía no entiende plenamente por qué otros lo están aventajando. Una vez que salga de su estado de confusión y se inserte más plenamente en la economía global -como China e India- estará bien posicionado para volver a competir con renovadas energías.
