
El TPP de la era Obama fue un esfuerzo de EE. UU. para contrarrestar la creciente influencia económica de China en el mundo, pero, en 2017, el presidente Donald Trump sacó a Estados Unidos de él. Ahora, Biden ha recreado el TPP con menos énfasis en el libre comercio, una concesión a los sindicatos estadounidenses, y dando más peso al establecimiento de normas y reglas comunes para facilitar el comercio y asegurar las cadenas de suministro.
Se espera que el nuevo bloque económico del Indo-Pacífico, conocido como IPEF, reemplace a la Asociación Transpacífica (TPP, por sus siglas en inglés), una iniciativa de comercio global que incluyó a países asiáticos y latinoamericanos en la cuenca del Pacífico. La IPEF representará alrededor del 40 % de la economía mundial e incluye a Estados Unidos, Japón, India, Corea del Sur, Singapur, Tailandia, Filipinas y Vietnam. Hay muchas razones para ser escépticos sobre la posibilidad de crear una iniciativa económica similar entre Estados Unidos y América latina y el Caribe.
"Durante su visita a Tokio, el 23 de mayo, el presidente Joe Biden anunció la creación de un bloque económico asiático-estadounidense de 13 países, que se conocerá como el Marco del Indo-Pacífico. ¿No debería proponer la creación de un bloque similar entre Estados Unidos y América latina cuando organice la Cumbre de las Américas en Los Ángeles el 6 de junio?".
INICIATIVA QUE NO PROSPERÓ
El término "libre comercio" se ha convertido en una mala palabra entre los legisladores de Washington, DC y varias otras capitales. Los esfuerzos anteriores de EEUU para crear un área económica en todo el hemisferio, incluido el Área de Libre Comercio de las Américas en la década de 1990, no tuvieron éxito.
Las negociaciones fracasaron debido a la renuencia de América latina a acercarse demasiado a los Estados Unidos o a los temores de los Estados Unidos de que el libre comercio provocaría la pérdida de empleos en ese país. Además, hay poco tiempo para redactar una ambiciosa iniciativa económica EEUU-América latina, ya que la Cumbre de las Américas está a solo dos semanas, marcada por desacuerdos y confusión sobre su asistencia y agenda.
El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, amenazó con no asistir a menos que Biden invite a las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Y el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, sugirió que no iría, sin especificar sus motivos.
No hay razón por la que Biden no pueda ofrecer un plan similar para América latina. En un momento en que el desempleo en EEUU está en mínimos históricos y necesita cadenas de suministro alternativas para depender menos de las importaciones de China. Por tal motivo, EEUU podría al menos ofrecer un plan para impulsar las exportaciones latinoamericanas al mercado estadounidense.
Como advertí en enero, la administración Biden debería haber comenzado a trabajar en esto hace muchos meses. Por desgracia, ya sea por la invasión rusa de Ucrania o por la falta de interés, no fue así. A pesar del giro hacia la izquierda en América latina, muchos líderes de la región estarían encantados de firmar un acuerdo comercial especial con Washington. Según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, América latina podría obtener 70 mil millones de dólares más en exportaciones anuales si tan sólo pudiera producir el 10% de los bienes que Estados Unidos ahora importa de China. Así que seamos francos: el anuncio de Biden con 13 líderes asiáticos fue principalmente una declaración de buena voluntad, que puede allanar el camino hacia negociaciones económicas significativas.
No hay razón para que Estados Unidos no lance una iniciativa similar con América latina, y la cumbre del 6 de junio sería la ocasión perfecta para hacerlo.
Por Andrés Oppenheimer
Columnista del MIami Herald
