Desde hace algunos meses, el jefe del gobierno italiano Silvio Berlusconi tiene frecuentes roces con la Iglesia católica. La motivación es doble. El primero es la inmigración. El gobierno de Berlusconi aplica reglas muy severas para seleccionar a los que ingresan y rechazar a los clandestinos. Esto provoca las críticas de una gran parte de las organizaciones de la Iglesia, para las cuales "el acogimiento" es el primer precepto, si no el único.

La línea oficial de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), según la cual el acogimiento siempre debe estar acompañado y balanceado por la legalidad y la seguridad, es por consiguiente desacreditada por el clero y por el laicado católico más comprometidos en lo "social" y por algunos de los mismos obispos, como excesivamente moderada, o peor, subordinada al gobierno de Berlusconi. Lo mismo sucede con "Avvenire", el diario propiedad de los obispos italianos.

Pero si se compara a "Avvenire" con el diario oficial del Vaticano, "L’Osservatore Romano", es en definitiva este último el que aparece de lejos como el más respetuoso de las decisiones del gobierno.

Giovanni Maria Vian, el profesor de Historia que dirige el diario de la Santa Sede, ha dicho en una entrevista aparecida el 31 de agosto en "Corriere della Sera" que algunos artículos de "Avvenire" han sido "exagerados e imprudentes" al criticar el gobierno, suscitando desconcierto en el Vaticano.

Un segundo elemento se refiere a la vida privada del primer ministro Silvio Berlusconi. Quienes han iniciado a mitad de junio la campaña de acusaciones contra su vida privada, han sido ante todo su segunda esposa, de la cual está separado, y sobre todo "La Repubblica", el diario líder de la izquierda italiana. Desde entonces, esta curiosidad sobre la vida sexual de Berlusconi ocupa continuamente las páginas de la prensa, no sólo italiana sino mundial, pero no la de "L’Osservatore Romano", ya que se rechaza mezclar el diario del Papa con la posición de otros periódicos.

También en el "Avvenire", al comienzo la cosa era igual: silencio total, o a lo sumo, moderado. Pero entre tanto, entre los obispos y en el interior del clero y del laicado, se fortaleció cada vez más el impulso de elevar una enérgica protesta contra Berlusconi por sus comportamientos contrarios a la moral católica. Esto se reflejó sobre todo en el "Avvenire".

El 6 de julio, fiesta de santa María Goretti, joven mártir muerta por defender su virginidad, el obispo secretario de la CEI, Mons. Mariano Crociata, se descargó contra "la ostentación de un libertinaje eufórico e irresponsable" que la totalidad de los medios de comunicación interpretaron, sin ser desmentidos, como alusivo a Berlusconi. Lo que varios obispos, sacerdotes y laicos hacían ya por cuenta propia, es decir, criticar la vida sexual de Berlusconi, debió hacerlo desde ese momento el director del diario de los obispos, "Avvenire", el laico Dino Boffo, para responder a las cada vez más numerosas presiones de los lectores, también de alta alcurnia.

Frente a este espectáculo, el cardenal secretario de Estado, Tarcisio Bertone, buscó acordar un encuentro para comer junto con Silvio Berlusconi el 28 de agosto. En la vigilia, en el diario de izquierda "La Repubblica", el editorialista Vito Mancuso acusó al secretario de Estado de querer comer en la mesa de Herodes, en lugar de denunciar sus torpezas. Pero "L’Oseervatore Romano" le respondió inmediatamente, diciendo que la Iglesia no acepta un "involucrarse partidariamente en las experiencias políticas contingentes", porque a ella le apremia "el cuidado…de las conciencias" y no la condena pública del pecador. Para hacer saltar, a última hora, el encuentro entre Berlusconi y el cardenal Bertone, se presentó el ataque inesperado hacia el director del "Avvenire", Dino Boffo, por parte de "Il Giornale", el diario de propiedad del hermano de Berlusconi, que titulaba a toda página el 28 de agosto: "Incidente sexual del director de ‘Avvenire’. El supermoralista condenado por acoso. Dino Boffo, en la dirección del diario de los obispos italianos y empeñado en la encendida campaña de prensa contra los pecados del premier, intimidaba a la mujer del hombre con el que tenía una relación". Boffo se ha proclamado inocente, pero a los fines de un cambio de dirección de las cabeceras periodísticas, televisivas y radiofónicas de la Iglesia, todas ellas en las manos del acusado, se aconsejó que renunciara.

El 31 de agosto se hizo portavoz de esta iniciativa, el obispo Domenico Mogavero, ex subsecretario de la CEI, y actualmente presidente del Consejo para los Asuntos Jurídicos, según el cual "por el bien de la Iglesia y de su diario, Boffo, podría evaluar si no ha llegado para él, el momento de renunciar". Al final Boffo renunció, el diario quedó desprestigiado, y la distancia de los obispos italianos con el pontífice quedó claramente manifestada.

Los obispos y sacerdotes deberían comprender que la función de ellos es tener sintonía con el Papa, les guste o no, evangelizar y no estar acusando continuamente o avasallando el fuero íntimo de las personas.