De izquierda a derecha Prof. Fabián Núñez, Benito V. Luna y Amado Araya (cantor dúo Hnos. Araya), en el homenaje realizado en 2012 por la Dirección de Cultura de Jáchal.

Según la historia de la provincia nunca hubo un solo San Juan, sino, que además, del San Juan de la Frontera con centro en el Valle del Tulum, Ullum y Zonda, se designaba a otra zona de la provincia como el Otro San Juan, refiriéndose a Jáchal, Iglesia y Valle Fértil.

EL OTRO SAN JUAN

El Otro San Juan tenía su vida económica y social alrededor del cultivo de trigo y forrajes, que daban fundamento al fomento de la ganadería y al sistema del legendario molinar jachallero. Así las cosas, el ganado bovino, caballar y las mulas criadas en las pasturas de las tierras de Jáchal y el trigo procesado por el molinar jachallero convertido en harina para el sagrado pan de la mesa, tenían como destino no solo el solvento de las necesidades de la economía local de subsistencia agro pastoril, sino, que entregaban requerimientos en bienes productivos más allá de las fronteras de Jáchal, esto es, a Chile, el norte de Argentina, Bolivia y Perú en ciertas ocasiones.

MONUMENTO AL ARRIERO EN JÁCHAL

Por esa razón el arrieraje jachallero es una destreza criolla, o, como se dice ahora, una habilidad ultra destacada de entre todos los pueblos de antaño. Esto llevó a que voces autorizadas propusieran la creación del monumento al Arriero en Jáchal, porque es el único lugar que fue el epicentro generador de este arte gaucho, de esta destreza criolla inigualable. Pero no solo la ciencia histórica positiva avala esta realidad, sino, que la poesía concurre a fortalecer esa verdad histórica, tal como ocurre en este caso rememorado, a expensas de los versos eternos legados por Don Benito Virgilio Luna, quien certifica la exclusividad y autenticidad del arrieraje jachallero. Esa demostración poética quedó grabada en piedras por el arte extraordinario labrado por el último decidor de las cosas tal como las hablaban los antiguos pobladores y forjadores del Otro San Juan.

A su vez, el decir de Benito Virgilio Luna, no solo corrobora la historia, sino, que aporta un plus memorable, pues incorpora perspectivas inéditas que la letra fría de la historia no puede registrar usualmente por cuestiones de método. Así es como la poseía singular de Benito V. Luna, aporta al eterno presente la música de otro y diferente espacio temporal, a la circunstancia apagado y por tal invalorable, aporta al presente el sonido de los pueblos ancestrales, contribuye a recordar los nombres propios de los arrieros de antaño, normalmente olvidados por los fríos formalismos administrativos culturales del gobierno, aporta, por fin, las descripciones de las modalidades espirituales de esas vidas vividas en travesías heroicas que solo un poeta puede asumir y recrearlas con la sensibilidad de un espíritu esencialmente sutil y minucioso.

INQUIETUDES DE ARTISTAS CONTEMPORÁNEOS

Por suerte, las inquietudes de los artistas contemporáneos apoyados por el Gobierno de San Juan, llevó a que auspicia un libro donde está volcado el extraordinario saber poético de Don Benito Virgilio Luna, esto es, en la obra "Al rescate del último decidor: Benito Virgilio Luna" (2014), que produjo un equipo de profesionales y expertos coordinado artísticamente por otra alma poética de gran fuste y que dichosamente disfruta San Juan como parte de sus profusos poetas, esto es, el poeta Álvaro Olmedo. Dicha obra incluye no solo las letras escritas con fotos e ilustraciones alegóricas, del gran decidor del norte de San Juan, sino un CD donde se puede apreciar y disfrutar la cadencia y el tono de los ancestros de boca y voz del propio prosista referido.

La poesía que se cita funda en cada detalle, en cada punto, en cada pausa, el porqué Jáchal, Iglesia y pueblos circundantes tuvieron un pasado de gloria económica y alta cultura que supieron conquistar los lejanos pobladores de la ínsula (como llamaba a Jáchal Don Carlos Herrera Varas).

En consecuencia, vale la pena apreciar ése decir sabio, espirituoso, avezado y verdadero del autor jachallero, el que empieza orando de modo laico así: "Según cuentan los arrieros que algunos viven todavía, en esta tierra querida de tantos acontecimientos, hoy ha llegado el momento de recordar el pasado, en el presente nublado que nadie nos cuente el cuento, recordar con sentimiento los viejos tiempos de antaño. Lindos tiempos de ganado y de mucha agricultura, ya cambiamos la postura y nos fuimos olvidando, de sembrar aquellos granos que fue la riqueza del pueblo, por poner cultivos nuevos la tierra se fue cansando, ahora andamos estorbando siendo tan buenos cristianos. Lo que quiero recordar es una experiencia vivida, por criollos de hidalguía de mucho sacrificio, cruzar los cerros macizos y esas verdes serranías, arriando mulas a Bolivia, por esos valles norteños, se viajaba muchos días en verano o en invierno. Por La Rioja y Catamarca por Tucumán a La Quiaca, para llegar a Jujuy por Quebrada de Humahuaca, llevando mulas criollas para las minas de plata, se vendían a buen precio pero era larga la distancia andaban dos o tres meses abandonando sus casas. Algunos voy a nombrar de esos arrieros criollos, no voy a desenvolver el rollo porque se puede enredar, Don Lisando, don Froilán Zepeda y Martin Cortez, Los Neyra, Don Juan José, Los Sosas buenos compañeros y otros tantos que anduvieron este largo trajinar…".

 

Por el Dr. Mario Luna y el Prof. Fabián Núñez