El gobierno de Luis Lula a Silva ha dado un paso preocupante hacia el armamentismo estratégico, que producirá un enorme desequilibrio de fuerzas en la región, animando a los gobiernos populistas a seguir el peligroso camino.
Lo que constituye una verdadera provocación, demandará una inversión de 8.500 millones de dólares (6.080 millones de euros) para adquirir en Francia 5 submarinos, uno de ellos nuclear, y 50 helicópteros. Se suma la opción de compra de 36 aviones cazabombarderos por otros u$s 4.000 millones, si el país galo le transfiere la tecnología armamentística más avanzada, con conocimientos para desarrollar una industria bélica superior.
Este enorme gasto fue autorizado en tiempo récord por el parlamento de Brasil, en vísperas de la visita a Brasilia del presidente Nicolás Sarkozy, con quien Lula firmará hoy los acuerdos respectivos.
Los argumentos brasileños para embarcarse en este desmedido poderío bélico, es evitar una eventual actitud "invasora" sobre las gigantescas reservas de petróleo (14.000 millones de barriles) distribuidas en la cuenca atlántica. También por los temores que despiertan las bases militares de EEUU en Colombia.
Esta visión geopolítica aumenta la brecha social. Si bien durante la gestión de Lula el índice de pobreza cayó del 28,2%, en 2003, a 22,77%, el año pasado, Brasil es el país con mayor desigualdad social del mundo. Tiene un abismo entre el 10% de los ricos con alto poder adquisitivo y los 42,6 millones de pobres, con privaciones sanitarias y educativas, que abren paso al delito y la marginación.
