La decisión de la Corte de Apelaciones de Copiapó, de suspender los trabajos del lado chileno del proyecto binacional Pascua-Lama, caló hondo en los miembros de Barrick, la empresa propietaria del emprendimiento, los gobiernos de San Juan y de la Nación y, por supuesto, los trabajadores directos e indirectos que dependen de esa continuidad para conservar sus fuentes de ingresos. No es el primer "movimiento sísmico" que soportan, ya que la decisión de la empresa de modificar su esquema de construcción y descargar esa responsabilidad en Techint, Fluor y Bechtel, hecho ocurrido el año pasado, también acarreó inquietud en la gente. A eso se suma la histórica demora en el inicio de construcción, cuando los funcionarios de ambos países no se ponían de acuerdo en el esquema impositivo y legal que regiría el emprendimiento, que tiene la rareza de ser la primera inversión minera en el mundo que involucra a dos países a la vez. Esa discusión duró años y hasta hizo dudar de la continuidad del emprendimiento, al menos en su génesis. Por esos antecedentes el sentimiento de incertidumbre no es para menos, mucho más cuando todavía está tibia la partida de la multinacional Vale del proyecto Potasio Río Colorado, en Mendoza. Es más, la pregunta recurrente que varios se hicieron fue ¿Barrick podría abandonar el proyecto Pascua – Lama como lo hizo Vale de Mendoza luego del revés chileno? La respuesta es más que obvia: sí, podría hacerlo. ¿Qué pasaría? Se verá más abajo en cifras, pero solamente el movimiento que genera Veladero -una mina varias veces menor a la envergadura que tendrá Pascua-Lama en su etapa de producción-, genera el 34% del producto bruto interno de toda la provincia de San Juan, nada más y nada menos. Más allá de los números, que son escalofriantes, la decisión de la Justicia chilena de suspender el proyecto, exhibe el fantasma más temido del sector y las personas que vivimos cerca de los emprendimientos: el de la contaminación ambiental. Muchos aprovecharon para reprochar, sin conocimiento, el hecho de que del lado chileno se sancione a la empresa y que del lado argentino no se haga lo mismo, como si la sola existencia de problemas en ese país, implicara que esos dramas ocurrirán en San Juan. Esas mismas personas argumentan sus afirmaciones diciendo que los controles no son suficientes o que los funcionarios sanjuaninos están ‘tocados’ por la empresa para hacer la vista gorda. Nada de eso es comprobable, pero esas voces, que son muchas lamentablemente, no aceptan ni aceptarán respuestas, aunque se las entregue el mayor experto en minería del mundo o aunque su pariente o amigo más cercano -que es seguramente una persona ligada a la minería- se los explique. El problema, entonces, se puede dividir en dos: uno, lo estrictamente ambiental, donde la empresa deberá revisar lo que está haciendo, ya que del lado chileno lo está haciendo muy mal, al menos a ojos de la Justicia de ese país. Y el otro, desprendido del primero, es el comunicacional. Si alguna vez consideraron en Barrick que habían adelantado algunos casilleros en el afán por demostrar que hace las cosas prolijamente, esta noticia hizo perder todos esos esfuerzos y es, simplemente, un arrancar de nuevo. Para colmo de males es la misma empresa la que se pone en esa circunstancia, porque son los ejecutivos de Barrick quienes han cometido las supuestas faltas. Un problema serio, del que se aprende o se claudica.

La minería en San Juan


La difusión de los números de la minería es tediosa, pero habría que revisar algunos para entrar en contexto: Veladero y Lama emplean directa o indirectamente a 15.806 personas. Se puede decir que en cada turno de trabajo en la mina como en el proyecto, hay alrededor de 8.000 personas trabajando en la montaña. Las otras 8.000 descansan, ya que como se conoce las labores se hacen por turnos rotativos, porque el trabajo es de 24 horas todos los días. Para dimensionar: en todo San Juan hay unos 5.300 empleados de comercio, entre los que están en blanco o irregulares, según cifras del Sindicato de Empleados de Comercio y la Cámara de Comercio local. Es decir, solamente Barrick tiene trabajando el 35% más de empleados que todo el comercio de la provincia, y todos bajo leyes laborales. En Iglesia viven, según el último censo, 8.784 personas, poco más de la misma cantidad de gente que, por tuno, trabaja a más de 4.000 metros de altura, en la mina Veladero y el proyecto Pascua-Lama. Barrick pagó a la provincia en 2012, unos 180 millones de pesos en concepto de regalías mineras. Yamana Gold, la propietaria de la mina Gualcamayo, en Jáchal, desembolsó por el mismo concepto más de 33 millones de pesos, también en 2012. Por coparticipación municipal, Jáchal recibió en igual período 20 millones de pesos, e Iglesia, sede de Veladero y Lama, poco más de 17 millones de pesos. Barrick invirtió en 2012, unos 2.700 millones de pesos en compras de bienes y servicios, sólo para Veladero. A San Juan del Gobierno nacional llegaron el año pasado poco más de 5.500 millones en concepto de coparticipación. Es decir, una sola empresa produjo la mitad de dinero que el llovido desde el Gobierno de Cristina Fernández. Como se menciona más arriba, los números son monstruosos, y son solamente los de dos empresas. Si alguien se preguntó esta semana si es posible que Barrick abandone San Juan, esa misma persona debería preguntarse qué ocurrirá después de esa potencial partida. Por supuesto que ninguno de los millones que dejan las compañías mineras justifica dejar contaminar un solo litro de agua, pero también es cierto que no hay por qué optar por una cosa o la otra. Deben trabajar y no contaminar, es esa situación ideal a la que se apela.

Cuestión de tiempo


Algunas personas que trabajan en Barrick del lado chileno se equivocaron, es algo inapelable que deberá resolverse en la Justicia, como se está haciendo. Les cuestionan que hallaron en el agua valores minerales más altos que los establecidos en la línea base. Es decir, una vez que se aprueba el proyecto, la autoridad de aplicación, que en el caso de Pascua es la Superintendencia de Medio Ambiente de Chile, toman muestras de agua en los cauces cercanos al proyecto y fijan los valores de minerales hallados en los ríos antes de arrancar la construcción, que es la denominada línea base. Esos valores se revisan regularmente y si hay variaciones, se multa y se le exige a la empresa que revise sus procesos, porque está alterando los valores históricos, es decir, están contaminando. En el caso de Pascua, en octubre del año pasado frenaron el pre-stripping, que es el movimiento de suelos que se hace para llegar a la zona donde hay oro. Las autoridades chilenas detectaron polvo -provocado por el pre-stripping- sobre los glaciares, cuestión que llevó a la Justicia un abogado representante de las comunidades cercanas al emprendimiento. Según se conoce, Barrick no corrigió ese error y ante un nuevo análisis de aguas encontraron que los valores de la línea base se alteraron más de la cuenta y fue ahí cuando explotó todo. Los errores, aunque parecen determinantes, pueden y deben ser resueltos por la empresa, que ahora no sólo deberá hacer obras, sino que deberá demostrar a las autoridades del vecino país que esas nuevas obras van a funcionar. En estricta reserva de fuente, algunos mineros sanjuaninos dicen que eso puede llevar meses. Si bien las autoridades sanjuaninas aseguraron que del lado argentino nada se ha paralizado, no pueden asegurar ni cuál será el ritmo de trabajo local, ni mucho menos cuánto será el tiempo que tardará la empresa en remediar el problema y seguir con la construcción. Corrió también la versión de que Barrick podría reformular el proyecto y empezar a explotar solamente el lado argentino, ante la posibilidad de que el parate chileno continúe demasiado tiempo, versión que roza la ridiculez, por motivos técnicos y financieros. Casi todos los consultados, respetando el off periodístico, se animan a decir que la explotación no arrancará a mediados del año que viene, como estaba previsto. ¿Cuál es el problema si arrancan antes o después? El problema no es de los sanjuaninos, es de la empresa. El día que se conoció la noticia en la prensa chilena, las acciones de Barrick bajaron el 8%; luego repuntaron, pero la disminución fue fuerte. Barrick deberá explicar la demora a sus verdaderos dueños, los inversores, que ahora tienen dos caminos: el seguir creyendo y continuar acompañando a la empresa; o retirar las inversiones, simplemente. Por los valores invertidos, nadie cree que eso vaya a pasar, pero siempre es una posibilidad. Las empresas hacen negocios, no beneficencia.

Para subsanar el pensamiento popular sobre el daño medioambiental, es preciso que la empresa y el Gobierno provincial trabajen en conjunto. Deben dar señales de forma urgente, para no dejar crecer la sombra de la sospecha, que ya logró demasiado espacio la semana pasada y lo seguirá teniendo si es que no se actúa con rapidez. El viernes dieron una señal, al reunirse Julio De Vido y las máximas autoridades de la multinacional. Aunque más pareció un mensaje a los inversores de la empresa que a la sociedad sanjuanina fue, cuanto menos, una reacción. La solución no es imposible, pero tampoco está fácil.