Cada vez que se realiza una fiesta departamental o provincial, comienzan los comentarios y especulaciones sobre los fondos invertidos, gastos y el rédito que se obtuvo. Año tras año, el tema es el mismo y son muy pocas las administraciones municipales que rinden cuenta u ofrecen un balance detallando los egresos e ingresos, como también los montos de las contrataciones de números artísticos de figuras nacionales y locales.

Dentro de la búsqueda de ofrecer administraciones más transparentes, cada uno de los municipios que anualmente hace su fiesta debería preocuparse por ofrecer, en un término perentorio y desde su realización, un balance general que ayude a comprobar si el festival resultó exitoso o si al año siguiente habrá que efectuar algunos ajustes, en busca de mayor eficiencia organizativa.

Hay jefes comunales que suelen hacer algunas estimaciones de costos y luego dan a conocer gastos parciales, pero lo más conveniente sería conocer si la fiesta dio finalmente superávit o pérdidas, para que al año siguiente se hagan las correcciones necesarias.

En San Juan la mayoría de los departamentos organizan sus fiestas destinadas a destacar aspectos fundamentales de cada jurisdicción. Así es como existen la Fiesta del Melón y la Piedra, en Sarmiento; la Fiesta de la Uva y el Vino, de Caucete; la Fiesta del Olivo, en Angaco o la de la Manzana y la Semilla, en Iglesia, entre otras tantas.

Es deber de las autoridades dar a conocer en qué se gastan los recursos públicos y un derecho de los vecinos de cada departamento que se les informe el saldo que tienen estos festejos populares que tan bien le hacen a cada comunidad.