Jesús entró en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios". Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre. Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad, da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!". Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea (Mc 1,21-28).
El inicio del texto de hoy se ubica en un tiempo y lugar determinado. Por primera vez es nombrado el pequeño centro de Cafarnaún, que se convertirá en el punto de referencia de la actividad misionera de Jesús. Luego se dice que era sábado y, casi como consecuencia, tenemos la palabra "sinagoga", que era el lugar donde los judíos se reunían ese día de la semana. De hecho "sinagoga" proviene del griego: "synagogue" que significa "reunión". Los hebreos la llaman "bet-knesset": "lugar de la asamblea". Cafarnaún se encuentra en la orilla noroeste del lago de Galilea, a 210 mts bajo el nivel del mar, ya que forma parte de la depresión jordana. El nombre semítico original "kefar Nahún" significa "villa de Nahún". No obstante ser un pequeño centro, tenía múltiples recursos económicos: pesca, agricultura, comercio. Incluso poseía una aduana (cf. Mc 2,13-15) y al norte de ella se encontraba una ruta imperial que llegaba a Damasco. En esta ciudad había una sinagoga del siglo I, que se encuentra bajo la actual "sinagoga blanca" del siglo IV. El día en que Jesús entra en ella es sábado. Se trata del Shabbat, cuyo significado está relacionado con el suspender, cesar. Observa el gran rabino Rashi: "Después de los seis días de la creación, ¿qué le faltaba al universo? El reposo (en hebreo, la "menuchà"). Entonces llegó el Shabbat, y el universo fue completado". Un bello relato hebreo del Rabbi Shimon ben Jochaj dice: "Cuando se terminó la obra de la creación, el séptimo día se lamentó: "Señor del universo, todo lo que has creado ha sido hecho de a dos: a cada día de la semana le has dado un compañero: el domingo tiene el lunes, el martes tiene el miércoles, el jueves al viernes; sólo yo he quedado solo.. Y Dios le respondió: "La comunidad de Israel será tu compañero". El hecho que no esté permitido trabajar ese día es funcional a la necesidad de no olvidar el mandamiento de servir a Dios. Sobre este aspecto Jesús tendrá diversos desencuentros con las autoridades religiosas de su tiempo que parecían tener una concepción restrictiva y poco humana.
Allí comenzó Jesús a enseñar. Marcos designa con precisión la actividad de Jesús, usando el verbo "didasko", que aparece 17 veces en su evangelio. Lo que él dice es una "enseñanza", o sea, una "didaché". Su ministerio es fuertemente educativo, con una enseñanza provocativa y que invita al compromiso.
De hecho, enseña con "autoridad". La "exousía", la autoridad, sería entonces como el ser que surge y se expande fuera de sí mismo, que se desborda. Aún el término latino "auctoritas", viene del verbo "augére", hacer crecer, aumentar. Es el que hace crecer a los demás. Es el valor, la virtud, la densidad interior y personal de alguien pero que brota hacia afuera y se impone por admiración, por imitación, por natural respeto. No necesita imponerse por la fuerza, por el grito, por el gesto airado, por su poder de despedir o de hacer mal. No tiene necesidad de serviles, ni de aduladores. A la eficacia de la palabra, Jesús une la de los signos liberadores del mal. La autoridad divina no es pues, una fuerza de la naturaleza. Es el poder del amor. El escritor Romano Guardini señala que "la entera existencia de Jesús es traducción de la potencia en humildad y de la soberanía en servicio". Si para el hombre la autoridad es considerada como posesión y dominio, para Dios significa servicio, humildad y amor. Significa entrar en la lógica de Jesús que se inclina para lavar los pies de sus discípulos (cf. Jn 13,5). Que busca el bien del hombre, que cura las heridas y que es capaz de un amor tan grande que da la vida, porque es el Amor.
Por el Pbro. Dr. José Manuel Fernández
