La promoción turística moviliza al consumidor hacia un producto/servicio, que sólo se hace tangible cuando se vivencia. El grato recuerdo acerca de la permanencia de un turista en el destino elegido es crucial para la imagen del país, la provincia y de la localidad que visita. Esta es una verdad y una regla de oro para quienes manejan la planificación en el área de turismo.

Las cifras oficiales pueden revelarnos una verdad fría y hasta exitosa señalando altos niveles de ocupación de entre un 70% y 90% según los lugares concurridos, con ingresos de 11 millones de pesos en un fin de semana largo, gracias a entretenimientos, actividades recreativas y lúdicas, encuentros deportivos y retiros y turismo religioso.

Pero en realidad San Juan debe exigirse cada día más y no dejar al azar detalles tan importantes y vitales como el abastecimiento de combustible y la recarga de cajeros automáticos. Esta realidad se sintió más en Valle Fértil, inmovilizando a centenares de vehículos y, en Iglesia, la falta de efectivo obligó a desplazarse hasta Jáchal. El turista necesita información y para ello se debe contar con personal capacitado con datos precisos para solucionar los problemas que se le presenten al visitante para que su permanencia sea agradable y desee retornar.

La gastronomía, con la Ruta del Vino, la visita a museos e iglesias y el turismo aventura son algunas de las alternativas que se ofrecen al viajero y comprender que la atención al cliente debe constituirse en un servicio de excelencia con todos los recursos disponibles. Los precios y las ofertas combinadas son fundamentales para que el turismo sustentable se constituya en un camino verdadero de progreso y bienestar.