El mundo sigue consternado ante el horrendo ataque al avión de Malaysia Airlines, cuando sobrevolaba el jueves último el este de Ucrania, muriendo 298 personas, durante un vuelo comercial de Amsterdan a Kuala Lumpur. Todo indica que el derribo fue deliberado, tal vez dirigido al avión presidencial de Rusia, en el que viajaba a esa hora y sobre la zona, Vladimir Putin, de regreso de su gira latinoamericana que incluyó a la Argentina.
Este atentado demencial contra civiles inocentes y una empresa comercial absolutamente ajenos al conflicto ucraniano, con choques armados que se libran en la región, demanda una investigación profunda hasta dar con los responsables directos e instigadores. Pero no librada a la suerte de las autoridades del lugar de la tragedia sino de carácter independiente e internacional, como ha reclamado el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, de manera que todas las partes involucradas en el conflicto ucraniano ofrezcan acceso inmediato a la zona del siniestro y se pueda determinar exhaustivamente todo lo que involucra al siniestro bajo las normas y los estándares internacionales de la aviación civil. Así se ha solicitado en una reunión de urgencia de las ONU para analizar el brutal atentado.
La gravedad de este hecho revela informaciones de inteligencia sobre el armamento pesado y la alta tecnología bélica en manos de las milicias prorrusas, quienes habrían abatido a la aeronave de pasajeros con un misil tierra-aire SA-11, ya operado por los separatistas en derribos de aviones ucranianos, gracias al sofisticado equipamiento que poseen.
Este es un tremendo atentado a la humanidad, como tal merece una condena global y llegar hasta los culpables.
