–ÚLTIMA PARTE–

Como hemos señalado, mientras el presidente turco Recep Tayyip Erdogan ha logrado sofocar un intento de golpe de estado del que ha salido fortificado, su estrategia de gobierno se basa en mantener buenas relaciones con las principales potencias del mundo, convenciéndolas de que comparte su lucha contra el terrorismo del Estado Islámico, cuando sus opositores han advertido que mantiene conversaciones secretas con los principales jefes de los grupos yihadistas. Una prueba de esto está en que cuando ordena a la aviación turca bombardear territorio sirio, los pilotos procuran no atacar las bases de los yihadistas, sino más bien posiciones del ejército sirio, el cual, como todos saben, es el que con mayor éxito combate al Estado Islámico.

Esta actitud del líder turco cuenta por ahora con el apoyo incondicional del presidente de EEUU, Barack Obama, quien está a punto de dejar la Casa Blanca, lo que podría llegar a cambiar este panorama.

Otro aspecto a tener en cuenta es el papel importante que representa Turquía con el tema de los refugiados sirios, al constituirse en la puerta de acceso hacia Europa, comunidad internacional que hasta ahora no acepta su integración.

Lo que queda claro es que el presidente turco añora las glorias del antiguo Imperio Otomano, y sueña que algún día, en el centenario del nuevo Estado Turco, en 2023, será proclamado Gran Califa de todos los creyentes de Alá. Quizás sea ahí donde se encuentre la razón por la cual no manifiesta su total apoyo a los seguidores del Estado Islámico, ya que con los yihadistas no ha logrado hasta ahora en ponerse de acuerdo para ver quién encabezará a los millones de creyentes musulmanes de la región.

Se cree que con el objeto de disuadir a los yihadistas y lograr que acaten su jefatura, el presidente turco suelta de vez en cuando algunas bombas en las afueras de los campamentos terroristas, engañando a Occidente al presentarse como uno de los más acérrimos opositores del terrorismo.

Ahora bien, la otra ofensiva de Erdogan después del malogrado golpe de estado es conseguir que EEUU extradite al clérigo opositor Ferthullah Gülen, a quien acusa estar detrás de esta acción, a pesar de que éste lo niega.

A Erdogan y Gülen los une una vieja historia en común de apoyo político que terminó en ruptura, obligando al clérigo a refugiarse hace cuatro años en Pensilvania, Estados Unidos.

Gülen es un imán, dedicado a difundir el islamismo. Ha conformado una enorme red integrada por más de 1.000 escuelas, en 130 países; universidades, diarios, canales de televisión, estaciones de radio y bancos. Mientras estuvo en su país fue un hombre fuerte del gobierno turco y durante años respaldó a Erdogan. La ruptura entre ambos se produjo cuando los medios del clérigo difundieron investigaciones que involucran al presidente en graves hechos de corrupción.

Estados Unidos ha aceptado evaluar el pedido de extradición, aunque ha solicitado pruebas concretas de su vinculación con el intento de golpe de estado que se lo acusa.