
Y las urnas hablaron. Se expresó el pueblo, aunque hubo un importante número de ciudadanos que prefirió quedarse en casa. Hubo, si, un claro mensaje del votante, personalizado en Javier Milei esta vez, de no tenerle miedo al cambio. A medir con certeza quién propone lo correcto aún a riesgo, como se ha dicho desde el oficialismo, de que "vienen por tus derechos”.
No debe obviarse el hastío con respecto a nuestra clase dirigente, y en ese punto reside la abstención, pero se advierte una disposición novedosa, en el ánimo de la población. Creo que se ha cansado de que la traten paternalmente, de esclavizarla con una moralmente ofensiva asistencia, convertida en asistencialismo, y no dejarla construir el destino con sus propias manos. Para finalmente no salir nunca de su condición menesterosa, siempre con la mano extendida y padeciendo todo tipo de necesidades. A ese ser, dependiente de la voluntad del gobernante de turno, el hombre común está al parecer dispuesto a decirle adiós. También a su pobreza y desigualdad.
Fue muy fuerte la advertencia de un amigo periodista, "guarda que también de Jesús decían que estaba loco”. Y pensé en Sarmiento, que recibía igual calificativo, y en otros grandes, que a partir de sus locuras, produjeron grandes modificaciones en la humanidad.
Porque Milei no está prometiendo un lecho de rosas, de felicidad, sin costos. Está ofreciendo, por el contrario, austeridad, sacrificio y gravar en su frente una contundente verdad: nada es gratis en la vida. Para recibir, tengo que dar. Para dar, producir. Como cuando pequeño: si quiero aprender a caminar, deben necesariamente dejarme solo, que me caiga si es preciso, pero así afirmar mejor mis piernas, evitar los obstáculos y orientar mi marcha a voluntad.
Está ofreciendo, en definitiva, que seas libre.
El "fenómeno” Milei
Me he ocupado en otras notas del "fenómeno” Milei. He tratado de interpretar esa parábola que describió en su derrotero. Aparición sorpresiva en las elecciones del 2021, un rock star, un discurso de una vehemencia inusitada, agresiones verbales a sus oponentes, y otros condimentos que motivaban reparos sobre su persona. Luego una caída, reflejada en los magros resultados de las elecciones provinciales, en la divulgación de sus costumbres personales, más bien reflejadas en el libro "El loco”, en la extraña compraventa de cargos electivos que denunciaron algunos desertores de sus filas, más la sospecha que Sergio Massa le estaba armando algunas listas.
Dijimos entonces "Milei, de príncipe a mendigo. Pero ojo”, también advertimos. Ese "ojo” dejaba una puerta abierta, sobre lo que realmente estaba pasando por la cabeza del electorado. Además, fue muy fuerte la advertencia de un amigo periodista, "guarda que también de Jesús decían que estaba loco”. Y pensé en Sarmiento, que recibía igual calificativo, y en otros grandes, que a partir de sus locuras, produjeron grandes modificaciones en la humanidad.
Entonces abrí aquel paréntesis. Todo parecía indicar que estaba como estancado e inclusive en franco retroceso. Pero el "yo voto a Cristina. Si no a Milei”, se siguió escuchando, aún en personas que se encontraban en situación de calle, con el convencimiento de que más allá de las habladurías, haría caso omiso de las mismas y pondría su voto en favor del excéntrico personaje. Un hecho sin precedentes. Alguien comparó esta elección con la de Perón en 1945, claro que aquella vez el Banco Central desbordaba de oro y divisas y ahora se "rasca la olla” y no hay nada.
Giro en la conciencia del electorado nacional
Entonces, detrás de la sorpresa que trajo este domingo, hubo otra que estaría como marcando un giro en la conciencia del electorado. No se estaría dejando seducir por los cantos de sirena del populismo. Porque Milei sostiene ideas extremas, que más bien pueden considerarse "pianta votos”. Nadie, hasta ahora, que pretenda llegar a la presidencia, o cualquier cargo electivo, podría sostenerse con anuncios que prometen sangre sudor y lágrimas.
El objetivo de déficit cero, produce escalofríos en el candidato acostumbrado a repartir, y por lo tanto necesitado de fondos para lograr ese cometido. Fondos que deberá buscar en una mayor presión impositiva, en el endeudamiento o la emisión de moneda sin respaldo. Y comienzan los desequilibrios financieros que hoy se padecen. Hay sobrados ejemplos de esa conducta populista, aún en gobernantes que rechazaban el populismo.
Mauricio Macri, hasta el 2017, elecciones de medio término que ganó, sostuvo una política austera, en la cual privilegió la estabilidad fiscal. Pero advertido que en dos años más debía someterse al escrutinio de un nuevo mandato, decidió abandonar su política anti inflacionaria, reemplazó al presidente del Central, entró en el gradualismo, aumentó el gasto, por lo tanto cayó en el desmadre de los precios y, finalmente perdió.
Mieles del populismo no despierta el favor popular
Hoy, por lo visto y por lo que representa este triunfo, parcial, de Milei, las mieles que promete el populismo, ya no despiertan el favor del electorado. Es una de las lecturas que nos dejó el 13 de agosto. Aunque las diferencias no son definitivas. Este partido aún no termina. No despreciaría las condiciones que tiene el oficialismo, experto en ganar elecciones, para rearmarse y dar batalla, así como los mecanismos a los que puede echar mano Juntos por el Cambio, para recuperar los votos perdidos y pelear las elecciones de octubre, que acaso determinarán quienes estarán presentes en el probable balotaje que dirimirá el futuro presidente. Si es que no hay un ganador en primera vuelta.
