Actuábamos en una coqueta peña de nuestra ciudad junto al músico y compositor Arsenio Aguirre. Detrás del pequeño escenario, en una piecita a modo de camarín, lo encontramos con su lustrosa guitarra, ese ángel que se le sometía al pecho y que él dignificaba como nadie. Hablo de aquel de: "Guitarra Trasnochada”, "La dejé partir”, "El Quiaqueño” y otras canciones memorables. Nos recibió con calidez y nos felicitó por nuestra zamba "Recordemos”, que ya era éxito de adolescencia en versión de "Los Quilla”. Y, de sopetón, como quien desgrana abrazos, como arroyo derramado de sus manos prodigiosas, enhebró una zamba que dijo le gustaría que cantáramos. Nos sedujo "de una” con esa tristeza que se le caía a cántaros de esa voz confundida de atardeceres, esos momentos-lágrima del día, ternura en acecho. Desde entonces cantamos durante años su zamba "Desde mi noche”, página subjetiva como pocas, declaración de melancolías desde el sitio ceniciento de su enfermedad pulmonar que lo recluía largos días en climas más cordiales que sus orígenes, por eso eligió Mendoza, sobre la cual en esos momentos derramó otra zamba homenaje a quien lo cobijó por años y que también nos entregó: "Verdes cogollos de los plantíos, donde se anuncia la primavera, nuevas canciones me trae el río, y se ve hermosa la cordillera”, relataba Arsenio.
Un gran tipo descubrimos esa noche que se me ocurre era de otoño. Un gran tipo seguimos viendo a la distancia del verso y el acorde; hombre profundamente bueno y humilde, guitarrista excepcional, autor y compositor de la honrosa elite de esos que están entre los diez mejores.
Y una perlita: confesó que acababa de componer su cueca "San Rafael” (cueca extraña si las hay, pero muy bella). Dijo con respeto que le gustaría que la cantásemos, y agregó: "Les voy a regalar la segunda voz”. Al día siguiente nos exhibió su presente, una segunda que jamás escuchamos en nuestra vida artística, algo sacado de alguna sinfonía o un pozo de duendes, obra de un gran músico. Por supuesto, la adoptamos con orgullo.
Arsenio Aguirre fue un grande. Un hombre de voz extraña por lo apenada; no obstante, tenía humor. Su temática es homogénea, propia e inconfundible en cualquier lugar y circunstancia. Hugo me comentaba, cuando, luego de años, vio un video con su figura, que había sentido una indescriptible emoción al volver a verlo. Estaba fiel a sí mismo, hoja de otoño dulce, gorrión de azúcar y vertientes, Arsenio vital y hermano.
¿En qué paraíso andará tu guitarra regalando arpegios de arrope? ¿Por qué itinerarios de Dios habrás enderezado el viento para que deje de ser peregrino perdido y se convierta en zamba, ese logro del alma, esa encrucijada sueño donde nos despertamos en música, Arsenio hermano, frágil hacedor de ternuras, artesano de manos constructoras y pecho sufriente, Arsenio del acorde honrado, Arsenio fiel al alma.
(*) Abogado, escritor, compositor, intérprete.
