Como todos sabemos, a las 49 manzanas en damero, que constituyen el núcleo fundacional de la Ciudad de San José de Jáchal, le queda, tanto en cantidad de unidades, como en lo que atañe a su nivel de conservación, poco vestigio referencial de su diseño y arquitectura basada en la industria del adobe, que nos remonte al ciclo originario.

Las viejas casonas erigidas y adheridas a la vereda o acera, son cada vez menos, y las que subsisten están apocadas en su mantenimiento, siendo una expresión simbólica de un determinado grupo constructivo, que es preciso rescatar y perseverar por su originalidad.

Ha habido importantes trabajos de inventario y preservación de edificaciones de valor histórico, realizados por destacados profesionales en el ámbito universitario de la Facultad de Arquitectura (Arq. Nello Raffo, Zulma Invernizzi, Estela Maquez, María R. Plana), que datan de hace más de dos décadas, que contabilizaron la dimensión cuantitativa y cualitativa de ese patrimonio monumental.

Ese trabajo prevé también el relevamiento de casas y casonas en áreas rurales, ya que en esta categoría hay y/o había muchísimas unidades y de factura monumental en todas las localidades y poblaciones de las dos pampas como decía Buenaventura Luna, y también Niquivil, Huaco y Mogna. De ese acervo enorme, dan cuenta los molinos harineros, que no estaban solos, sino, que tenían un entorno de formidable valor arquitectónico-constructivo.

Entiendo que amen del deber de rescatar y levantar el bajísimo nivel de conservación de las casonas, esos estudios por si mismos constituyen un testimonio de recopilación de base científica, que merece y vale la pena ponerse en valor mediante una política pública, por ejemplo recreando ese patrimonio mediante una ‘Reconstrucción virtual de la ciudad y de las localidades de Jáchal”.

Son ideas y propuestas, relativas y criticables desde luego, que pretenden ser iniciativas para una puesta en valor por empoderamiento ciudadano como amantes de nuestra ‘ínsula”, tal como, enseñaba llamar a Jáchal el recordado maestro en ‘jachallerosidad” y otras yerbas, don Carlos Herrera Varas.

Con grandes expectativas, en agosto de 2014 se firmó en la Capital de San Juan, la puesta en marcha de un plan de manejo del Centro Histórico, entre la Provincia, el Municipio, el Rectorado de la UNSJ y el Ministerio de Turismo. Ahí se dijo, que la arquitectura y el diseño de Jáchal son únicos y singulares en toda la provincia, también se señaló que resistió a los terremotos de 1944 y 1977, reivindicando el deber de conservarlo y mantenerlo. Ese plan seguramente prevé fondos, ya que fue anunciado con ese fundamento, por lo que es necesario que se efectivicen, porque sin fondos no hay posibilidades de viabilidad de plan alguno.

Por su parte el Circot de la Facultad de Ingeniería de la UNSJ, en otra acción de investigación, ha señalado que hay que resolver el problema de la humedad como degradante del adobe, a partir de una refuncionalización del riego del arbolado público, entre otras sugerencias técnicas de interés, que hay que tener en cuenta.

Hay que revertir la tendencia entre un patrimonio que está en proceso de decrepitud por falta de mantenimiento, y muchas iniciativas, que animadas de loables intenciones, han quedado en los archivos de los anuncios, hasta hoy por lo menos.

Cuando, cada año, el municipio de Jáchal participa en la Feria Internacional de Turismo en Buenos Aires, donde se dan cita los efectores de la industria turística del país y el mundo, el rasgo de ADN para distinguirnos que exhibimos, es el diseño y arquitectura en base a la artesanía constructiva en adobe.

Inclusive, pensando en el aprovechamiento comercial de algunas propiedades de valor, se ha sugerido, con buen tino, que hay que rescatarlas y prepararlas, para mostrar su atractivo edilicio como museo de sitio, y construir otro bloque sismorresistente detrás de la casona, con una habilitación comercial plena, con derecho lucrativo al uso de la vereda.

La clave para salir de este laberinto, sería partir con un plan base de manejo, dotado con suficientes fondos públicos y mucha participación interdisciplinaria y sobre todo social.