Las crisis emocionales y morales conducen a un debilitamiento de las defensas orgánicas; de ahí, la íntima relación que existe entre estas crisis y la aparición y desarrollo de ciertas enfermedades infecciosas.

En otros casos se producen alteraciones en la circulación y en el metabolismo. Con frecuencia se ha observado la aparición de tuberculosis, en conexión con grandes desilusiones amorosas, con tragedias familiares y otras experiencias dolorosas, fruto de faltas propias o ajenas, en el orden moral.

Las angustias espirituales pueden transformarse en trastornos funcionales del cuerpo: van penetrando por todo el organismo como un veneno, a través del sistema nervioso, provocando los cambios más nefastos allí donde encuentra la menor resistencia o una mayor predisposición.

Cuando nos dejamos arrastrar por la ira o el temor, se excita el sistema nervioso, preparando al organismo para la lucha o huida. La respiración se hace más profunda, el corazón late más rápidamente; en la sangre aumentan la cantidad de adrenalina o de glucosa (crisis de diabetes), es mayor la cantidad de sangre circulante y ésta se hace más fácilmente coagulable.

Estos fenómenos pueden ser transitorios, pero su frecuente repetición puede llevar a perturbar la función de ciertos órganos, o a producir lesiones. Así, por ejemplo, las preocupaciones prolongadas pueden contribuir a la producción de una úlcera en estómago. Así como las perturbaciones de índole moral y emocional llevan a la pérdida de la salud, por el contrario, la armonía y el equilibrio emocional y espiritual, son un factor de primer orden para el mantenimiento de la salud.

La paz interior, el equilibrio espiritual, la alegría en el corazón conducen a un buen funcionamiento del sistema nervioso y, por ello, también de las demás funciones: respiratoria, circulatoria, digestiva, etc.

La fe, la alegría, el perdón, el amor, la confianza, la amistad sincera, la alegría por el bien ajeno, la tolerancia, el optimismo, nos conducirán a la felicidad y a la salud mental, y contribuirán en forma decisiva, a mantener nuestra salud física.