Hace tiempo me enteré que "anagrama” es la transposición de letras de una palabra y así se forman otras. Un ejemplo es el término "argentinos” de nuestro idioma, del que se obtiene "ignorantes”, lo que al oído suena medio vergonzoso y pesado. Con razón lo de "Educar al soberano” y "Civilización y barbarie” y otras profundas verdades sarmientinas sobre el tema ignorancia.

Entonces me propuse ser argentino medianamente ilustrado, leyendo y consultando, desde que fui muchachito, cuanto libro y publicación caía en mis manos.

Entre ellos está la Constitución Nacional que rige la vida institucional del país, y que nació en 1853, modificándose, ampliándose, modernizándose varias veces según conviniera a las épocas y a los intereses, que siguieron hasta hoy.

Por amor a la lectura y para salir de mi ignorancia, me entero allí que los miembros de alto rango y otros, de los tres poderes estatales nacionales (¿provinciales y municipales?), fijarán sus sueldos en sendas reuniones citadas al efecto. Se habla de dietas, dotación que señalará la ley, intangibilidad de remuneraciones y otros detalles (Constitución de la Nación Argentina – 4¦ edición – Editorial ASTREA – 1995).

Pensándolo bien, no sé si es erróneo mi pensar; me atrevo a decir que se cometió un error. Alberdi y los constituyentes de entonces se equivocaron al tomar tal decisión, porque se prestó a manejar arbitrariamente, sin frenos y la ambición de los protagonistas, un asunto tan delicado y conflictivo. Es injusta, odiosa y discriminatoria tal decisión, a mi ver.

De allí el desorden y la indisciplina popular que se está viviendo aquí. Ninguna huelga, en mi avanzadísima edad, conozco que se haya realizado porque los salarios son altos, porque no hay inflación, porque hay justicia, porque hay honradez y otras causales. No hay democracia pura. No hay paz social. Ni la habrá así.

Seguirán los paros, los piquetes, los desmanes, la barbarie, las huelgas a las que no concurren los beneficiados por la ley. Tienen que terminar la inseguridad, los desenfrenos, los asaltos, el caos y otras plagas irrefrenables hoy.

La Constitución Nacional debió prever enfáticamente el modo de equilibrar los sueldos de los privilegiados y los de los desamparados, entre estos los docentes, los médicos, los jubilados, los empleados estatales, los obreros rurales, los trabajadores en general y otros y otros. Habrá que nivelar los sueldos en medida más justa, de abajo hacia arriba o de arriba hacia abajo. Tiene que haber un modo. Hay que buscarlo. Más nivelación, más justicia. Menos ricos y menos pobres. Orden, seguridad y paz.

Llegaremos, por fin, a ser argentinos confiables, respetables y respetados, laboriosos y honorables, justos y educados. Con muchos buenos adornos y no ignorantes, inservibles y de mala fama en el mundo.