La visita de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a Londres para la reunión del G-20, no parece interesar a los medios británicos. Ninguno se hizo eco del discurso que dará hoy, frente a la embajada argentina, al conmemorarse los 27 años de la Guerra de las Malvinas.

Argentina llega a esta cumbre con una serie de problemas que obligará a la presidenta a extremar prudencia y discreción. El hecho de amonestar al capitalismo y buscar culpables, como lo expresó en ocasiones anteriores, no tiene sentido. La reunión en Londres es de carácter fundacional y correctivo. Si bien el capitalismo sufre descontrol financiero, con todo el potencial productivo económico y comercial, incluidas Rusia y China, no hay alternativa. El socialismo del materialismo dialéctico fracasó desde 1989 y China está ligada a la estructura capitalista mundial como su pilar de resistencia.

La cumbre del G-20 es clave para Argentina. Es el sistema que demostró su eficacia durante los primeros años de la gestión de Néstor Kirchner, cuando el fuerte crecimiento le hacía creer al ex presidente que provenía de nosotros mismos y no del mercado mundial. Hoy necesitamos crédito internacional, reconquistar espacios de respeto y los mercados perdidos por el resentimiento y la falta de visión en el comercio internacional.

La presidenta debe expresar en el G-20 nuestra voluntad de reingresar al mundo como gran país exportador agroindustrial. Debería ofrecer seguridades a los mercados de nuevas aperturas con China, India y otros grandes importadores de alimentos en oportunidad de un mundo en crisis.