Antes de ocuparnos de la desastrosa política exterior del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con respecto a las islas, dejemos en claro que el reclamo histórico de Argentina de las islas Malvinas es legítimo. La posición de Gran Bretaña de que no puede haber negociaciones sobre la soberanía mientras la población de 3.200 isleños quiera seguir siendo británica no se sostiene, según la mayoría de los expertos en derecho internacional.

El libro de 1927 del profesor de derecho de la Universidad de Columbia Julius Goebel, titulado "La pugna por las Falklands”, y su secuela de 1983 del profesor de leyes de la Universidad de Yale, Michael W. Reisman, dejan pocas dudas de que la ocupación británica es ilegal. La única transferencia negociada de la soberanía de las islas se produjo en 1767, cuando los franceses se las cedieron a la corona española. Cuando Argentina se independizó, heredó legalmente todos los territorios que antes eran españoles. De manera que cuando los británicos invadieron las islas en 1833 y las bautizaron Falkland, fue una ocupación ilegal.

Las Malvinas ocuparon la atención del mundo el 2 de abril de 1982, cuando la dictadura militar, en un intento de fortalecer su menguante popularidad a nivel nacional, invadió las islas. La ex primera ministra Margaret Thatcher envió la armada y Gran Bretaña recuperó las islas, después de una guerra que dejó casi 1.000 muertos. El hecho de que gran parte de la opinión pública mundial se volcó en ese momento a favor de los británicos, debido a una repulsión generalizada por las acciones de la dictadura argentina, no cambia la premisa de que las islas pertenecen a Argentina, escribió Reisman. En la mayoría de los sistemas legales, el título pertenece al propietario, no a la persona más agradable, explicó.

Ahora, el gobierno populista de Fernández de Kirchner, ante un creciente descontento público por la alta inflación y una desaceleración económica, y por el descubrimiento de yacimientos de petróleo alrededor de la islas, volvió a poner a las Malvinas en el candelero. Ha lanzado una ofensiva diplomática en Latinoamérica para impedir que los barcos con bandera de las islas amarren en los puertos de la región, lo que está generando escasez de frutas frescas en las islas. Además, Argentina iniciará acciones legales contra las petroleras que operen en las islas. Un amigo que acaba de visitar las islas me confirmó que los kelpers no están enojados con el pueblo argentino, sino con el gobierno de Fernández de Kirchner. Están especialmente preocupados por el pedido de la Presidenta a Chile que le traspase los vuelos al continente operados por Lan-Chile, los únicos que conectan las islas con Sudamérica. Los isleños temen que si eso ocurre, estarán a la merced de los caprichos políticos del Gobierno argentino, según el viajero.

Una de las pocas voces razonables que se han alzado en esta disputa es la de un grupo de 17 intelectuales argentinos que firmaron el documento "Una visión alternativa”. Allí señalan que Argentina no puede seguir ignorando los deseos de los isleños. La actual política de exigir la devolución de las islas, sin tomar en cuenta el deseo de los isleños, debilita la justa demanda argentina, afirman.

Mi opinión: En vez de asustar a los kelpers con amenazas constantes, Argentina debería intentar seducirlos. Debería ofrecerles vuelos gratuitos para emergencias médicas, envíos gratuitos de lo que haga falta en las islas, e intercambios culturales y deportivos.

Considerando el antagonismo de los isleños hacia las autoridades argentinas, borrar las cicatrices llevará tiempo, y no será fácil.