Todavía flotan en el aire las partículas levantadas por la bomba periodística de hace una semana, cuando se supo que hay en Casa de Gobierno un proyecto que se propone extender la era Gioja y todo quedó patas para arriba.
Más aún después de lo que ocurrió con posterioridad, con una aparición del propio involucrado -el gobernador- diseñada especialmente tarde y plagada de insinuaciones que a los buenos lectores de los gestos políticos le sonaron como certeza de que hay efectivamente un cambio de escenario y que no se trata de un capricho de nadie.
Cambió todo ese día: los que ya se medían el traje debieron aplicar un violento freno de mano para recalcular distancias con sus GPS. Supieron que hay enfrente un nuevo fantasma acechando, el del propio gobernador José Luis Gioja. Y se zambulleron en el análisis de fondo: cuánto hay en ese amague de ganas y decisión del gobernador por un tercer período, y cuánto hay de disciplinamiento para ser él quien sostenga el mango de la sartén hasta el final del proceso eleccionario que asoma.
Dos preguntas fueron las que se impusieron ese día: ¿está involucrado el propio gobernador en el diseño de este proyecto de enmienda constitucional, o es una operación de algún colaborador cercano sin el aval del jefe?, y la más sencilla ¿para qué lo hace?
La respuesta a la primera pregunta contiene un par de reflexiones generales: nada de lo que trasciende hacia afuera de Casa de Gobierno es desconocido por el propio Gioja, sencillamente ante el riesgo de quien los filtre de ser pasado por la guillotina; y nadie publicaría una información tan contundente sin chequearlo a ese nivel.
Y comenzó a responderse sola en las horas siguientes a la publicación. Ocurrió en ese momento en que nadie salió a desmentir la noticia, a descalificarla. Ni los que la conocían, justamente porque lo sabían, ni los que se estaban enterando, ante el serio riesgo de que fuera un dato surgido desde lo más alto.
Después lo convalidó el propio Gioja, por silencio y por insinuación. Se guardó domingo y lunes entre la inactividad y un viaje a Buenos Aires, lejos de la furia que le hubiera desatado una supuesta información falsa sobre un tema de tan alta sensibilidad para él como su sucesión. No hubo inmediata desmentida, más bien lo contrario.
Al día siguiente debió hablar del tema y seleccionó una variante curiosa: especie de conferencia de prensa sin preguntas donde se explayó con comodidad y sin interrupciones para evitar malos entendidos. No hubo entonces nada a qué echarle la culpa por el contenido de sus palabras, ni a su interpretación.
Y la traducción al idioma de la calle de lo que dijo fue el siguiente: que efectivamente hay un proyecto en elaboración, que no lo desconoce pero que todavía no lo impulsa personalmente, remarcando enfáticamente la palabra "todavía".
Con frases como: "No he tenido y no tengo tiempo para dedicarme a pensar estas cosas, que en su momento habrá que pensarlas, en su momento habrá que pensarlas". O: "Admito que alguien lo puede hacer de buena fe, respeto todas las opiniones, los que dicen que se puede, los que dicen que no se puede, teóricamente los que trabajan conmigo dicen que se puede". A buen entendedor, pocas palabras.
Para mayor claridad, lo repitió ya frente a frente el viernes a la noche en reunión de gabinete ante ministros y legisladores. Quedó claro que entonces que si el proyecto está donde está no es por otra cosa que el consentimiento del propio Gioja, y que lejos de descartarlo, lo considera una posibilidad. Despejadas esas dudas, toca ahora analizar cuáles son las motivaciones que lo impulsaron a hacerlo.
Primero hay que decir que él no quiere, pero se zambulle en dejar abierta la puerta ante cualquier emergencia. Especialmente ahora que ha quedado magullada la relación con el kirchnerismo por la votación de los glaciares, y no se sabe si el futuro del actual gobernador sanjuanino estará en refugiarse en su provincia antes que en despegar hacia la Capital.
Si fuera por sus ganas, hay que decir que se impone por goleada la retirada después de 8 años de mandato, como lo viene repitiendo hasta el cansancio desde hace al menos 4 años. Pero nadie acumula capital político para deshacerse de él por una cuestión vegetativa, naturalmente por el paso del tiempo. Nadie.
Buscará entonces seguir presente en la línea de las decisiones provinciales y sabe que buena parte del electorado recibiría esa noticia con alivio. Hasta ahora, la vía que pensaba para hacerlo era la de buscar alguien de su íntima confianza a quien considere capaz de seguir su obra y ahora parece haber tomado color la posibilidad de hacerlo él mismo.
Pero sigue siendo esa una chance remota, alejada y hasta fantasiosa, aunque el terreno político gelatinoso y cambiante alienta todo tipo de especulaciones hasta la hora de las decisiones, que se acerca a pasos de gigante.
Uno de los objetivos de lanzar este paso trascendental fue sacudir el tablero. Forzar a un reacomodamiento de piezas en donde ya nada será como era: los que estaban cerca, los que se codeaban en el corte de cintas, los que pulseaban a niveles invisibles con tonos cercanos al peligro. Señal de apercibimiento para todos ellos.
Luego, aún más importante, sentarse a verlos reaccionar ante este sacudón. Hubo entre los aspirantes distintas maneras de posicionarse, desde los que se cuadraron al instante aún antes de tener bien claro si el propio gobernador había sido parte del armado de este proyecto de enmienda -como ocurrió- o era un tema que le resultaba absolutamente ajeno. En este plano saltaron inicialmente Daniel Tomas y Marcelo Lima, y se le sumó enseguida el pocitano Sergio Uñac. Y hubo también quien prefirió el silencio absoluto, como el senador César Gioja.
Reaccionaron también los funcionarios y diputados, que no demoraron mucho en comprender que no se trataba de un operativo clamor hueco y antojadizo, sino que allí estaba la mano del jefe. Y hasta se vieron gestos de sobreactuación, como la decisión del bloque oficialista en la Legislatura provincial de armar ellos mismos el proyecto y dejarlo latente en comisión para cuando baje la orden política, si es que baja.
Y reaccionó además la gente, principal destinataria de estos movimientos, el terreno donde se convalida o queda sepultada cualquier aspiración. Ella no repara en cuestiones legales ni en impedimentos constitucionales: si le gusta, que siga, y si no que se vaya. Lo revela la encuesta del IOPPS que se publica en esta edición, donde entre un 70% y un 80% se muestra decidido a apoyar la continuidad de Gioja.
Para el final quedó la dimensión nacional del asunto, la señal hacia Kirchner de que hay otro objetivo en el horizonte político de Gioja que no sea la búsqueda de la vicepresidencia, y que en consecuencia la negociación -si es que la hay-, deberá circular en otros términos. El gobernador fue bien enfático en señalar que no hay ningún tipo de especulación en este plano, y que no tiene ninguna señal que enviarle al matrimonio.
Eso fue un día antes de la sesión en el Senado por los glaciares, donde la señal la recibió él. Fue cuando Miguel Pichetto, hombre de Kirchner, se ufanó en el recinto de no haber recibido ninguna orden del ex presidente, se jactó de esa libertad de conciencia y votó contra los intereses de San Juan.
Allí tomó nota el gobernador sanjuanino que, en estos tiempos de definiciones, tanto en el plano provincial como en el nacional, el suelo está hecho de arenas movedizas.
