El primer ministro británico, David Cameron, el 18 de enero pasado acusó al Gobierno argentino de "colonialista” por impulsar en el Mercosur el bloqueo a buques con bandera de las islas Malvinas. Pero no caben dudas de que Gran Bretaña se ha caracterizado en la historia por sus atropellos colonialistas.
Precisamente el Gobierno del Reino Unido acaba de publicar los primeros documentos de los archivos coloniales y comienzan a salir a la luz los crímenes cometidos por Inglaterra en África. Su desclasificación fue lograda, en parte, gracias a la batalla legal de cerca de 7.000 veteranos de una organización nacionalista keniana que entre 1952 y 1961 se alzó en armas contra londres, y que en 2009 iniciaron un proceso contra su antiguo colonizador por los abusos morales y físicos durante aquellos años.
Sin embargo, no fue hasta el pasado año cuando el Gobierno británico admitió la existencia de 8.800 expedientes que fueron enviados de forma secreta a Londres desde varias ex colonias, poco antes de su independencia. La historia, lo cierto, siempre les negó este privilegio. Cuando a comienzos de 1950, el gobierno colonial de Kenia amenazó a la etnia kikuyu con la expulsión de sus tierras, cerca de un millón y medio de miembros de esta tribu se alzaron en armas bajo la bandera "Mau Mau”, un apelativo creado por la propia metrópolis británica para otorgar un carácter primitivo al movimiento. La represión fue brutal en un momento en que, menos de 10.000 ciudadanos blancos poseían más del 25% del territorio keniano.
Según la Comisión de Derechos Humanos keniana, al menos 65.000 personas fueron ejecutadas por las tropas británicas entre 1952 y 1961, cifras que para la profesora de Harvard Carolin Elkins, serían infinitamente superiores. En su obra "Britain’s Gulag”, la autora denuncia que más de 100.000 kenianos podrían haber sido asesinados, pese a que sólo 32 británicos fallecieron como consecuencia de los combates. A su vez, el 90% de los kikuyu fueron detenidos en algún momento del conflicto y trasladados a campos de concentración. En estos centros se produjeron los más infames abusos contra los detenidos, con casos de castraciones y agresiones sexuales masivas. Al menos ahora en Kenia, los verdugos comienzan a tener rostro y queda comprobado quienes son los colonialistas.
