En los últimos años nos hemos convertido en testigos de una crisis ambiental sin parangón. Dentro de este panorama la sequía y la escasez de agua se está tornando en un problema serio, por lo que el agua dulce o potable se ha convertido en los últimos tiempos en un bien muy preciado. Esto ha hecho que los analistas aseguren que el agua será el recurso estratégico del siglo, tanto como el petróleo. Si ésto es una exageración o no, el tiempo lo dirá. Lo cierto es que actualmente su escasez comienza a notarse, especialmente en las ciudades.
La falta de agua se atribuye a varios fenómenos, por un lado tenemos su uso indiscriminado, lo costoso de su purificación o la evaporación propia del planeta a consecuencia del calentamiento global.
Pero hay una realidad que no se advierte con gran facilidad, mientras el agua dulce o potable escasea y se vuelve más onerosa, el agua de lluvia es desperdiciada dejándola correr por acequias o desagües.
Asimismo se ha establecido una paradoja con el hecho de que hay períodos de lluvias muy intensas frente a veranos cada vez más secos. Esto nos lleva a considerar la posibilidad de encontrar una solución al problema de la falta de agua mediante la utilización del agua de las lluvias, en casos en que no se requiera su purificación y que se la utilice para riego u otras tareas domésticas.
Varios países en el mundo, entre ellos Australia, vienen desarrollando desde hace años programas para el aprovechamiento del agua de las lluvias, lo mismo que en algunas provincias argentinas como San Luis y Santiago del Estero.
En nuestra provincia, y en particular en nuestros oasis, la distribución del agua históricamente respondió a una economía basada en la agricultura. En ese sentido se idearon y construyeron diques y redes de riego acorde a esa necesidad, aprovechando los ríos de montaña que nacen en la cordillera y que mantienen su caudal gracias a las precipitaciones níveas y la formación de glaciares.
Sin embargo vemos la crítica situación por la que atraviesan algunos departamentos como Iglesia y Valle Fértil, donde si bien hay períodos de lluvias muy intensos, luego vienen épocas de sequías. Es entonces cuando da pena ver cómo se ha desaprovechado esa agua de lluvia, que en ocasiones provoca daños de consideración, sin que se haya ideado un sistema para almacenarla y disponerla para otro momento.
Es bien conocido el régimen climático que tiene San Juan con veranos muy calurosos y lluvias que generalmente ocasionan desbordes de ríos, problemas en defensas y obras de infraestructura e inconvenientes en poblaciones que están en sectores de riesgo. Recordemos el aluvión que hace unos años arrasó con el hospital de Barreal, los daños ocasionados en la zona de Carpintería, en Pocito o el riesgo en que permanentemente se encuentra la población de la Villa Media Agua, en Sarmiento cada vez que bajan crecientes del sector Oeste del departamento.
Esto nos demuestra que hay suficiente agua de lluvia para aprovechar y que es una pena que la estemos dejando correr como si no nos importara este valioso recurso.
Está establecido que el sanjuanino medio consume alrededor de 300 litros de agua por día en distintas actividades, desde el consumo personal, pasando por la higiene, la preparación de alimentos, etc. Si pudiéramos aprovechar el agua de las lluvias para emplearla en tareas que no requieren su purificación o potabilización estaríamos ahorrando una considerable cantidad de litros de agua al año.
Existe una gran cantidad de posibilidades de usar agua sin necesidad de potabilizarla. Usando el agua de las lluvias se obtienen varias ventajas como disponer de un agua de mejor calidad para el riego de árboles y plantas, sin restricciones; una mejor higiene en la limpieza del hogar, principalmente, de los sanitarios, y un ahorro considerable del agua potable por red que llega hasta nuestras viviendas.
La forma más simple de aprovechar el agua de las lluvias es mediante la optimización de los tejados o techos de las casas, para luego destinarla a una cisterna de donde se la dispondrá a voluntad. Según el tamaño de la cisterna será la cantidad de agua que se disponga.
Sería conveniente que esta experiencia, que ya se está poniendo en práctica en otros países, sea considerada como una alternativa válida en nuestra provincia por los organismos encargados de la planificación urbana y rural, las empresas constructoras y por todos los ciudadanos que queremos contribuir de alguna manera con la preservación de nuestros recursos naturales.
