Con una inversión global estimada en los 2.000 millones de dólares, que han hecho posible la ejecución de más de 22 proyectos, Uruguay está en camino a convertirse en el país del mundo con mayor porcentaje de energía eólica en su oferta energética.

En estos momentos, hay más de una veintena de proyectos de parques privados en etapa de autorización o ya en obra. A ello se debe sumar otros tantos emprendimientos y el proyecto anunciado meses atrás en conjunto con Electrobras de Brasil, que se desarrollará en Colonia. Serán más de 500 aerogeneradores o molinos distribuidos por todo el territorio nacional, especialmente en la zona Sur, donde las oportunidades de inversión, junto con las características del viento, han sido determinantes.

La matriz de abastecimiento de energía para la economía uruguaya se ha caracterizado desde siempre por una participación mayoritaria de energías no renovables, a través del petróleo y sus derivados, que en líneas generales ha representado un 50% ó 60% del total. En los últimos años, se observa un aumento en la generación a través de energías renovables y el papel de la eólica se ha vuelto cada vez más relevante.

Entre los factores que han incidido en este fenómeno, desde 2009 está vigente un decreto que viabiliza incentivos tributarios específicos para el sector de las energías renovables, que han sido aprovechados por agentes locales e inversores del exterior. La existencia de un régimen fiscal muy atractivo para la generación eólica, determinó que casi el 80% de los proyectos promovidos por la Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones durante el año pasado, correspondiera a este sector de actividad. A su vez, los capitales invertidos han sido fundamentalmente del exterior, debido a la magnitud de los proyectos que escapan a la posibilidad de ser financiados en el mercado local.

Considerando que Uruguay consume en promedio 1.100 MW/h y que las proyecciones indican que ese promedio se ubicará en 1.200 MW/h para 2016, si se tuviera todos los parques funcionando, se podría cubrir la demanda total del país con energía proveniente del viento.

Sin duda estamos ante un ejemplo de la forma en que se debe manejar la política de promoción y generación de la energía eólica, algo que nuestro país debería tener muy en cuenta considerando las posibilidades que ofrece su amplia geografía y recordando que el futuro energético está en este tipo de generación.