Era un verano caluroso sanjuanino, a principios de los ’70, dos abogados refrescaban la jornada en la confitería Hawai, en ese entonces ubicada frente a la plaza 25 de Mayo. Su diversión consistía en ver que a pesar del calor, muchos de los autos circulaban con los vidrios en alto, o sea con las ventanillas cerradas. El dato curioso, era que en la mayoría de los casos estos automóviles (conociendo sus conductores y el tipo de auto) carecían de aire acondicionado, lujo este raro para la época. Deducían ambos letrados, risa de por medio, que la consigna de los conductores era circular así y demostrar con este método, a los espectadores de los cafés que eran poseedores de lujosos automóviles con a/a. En realidad, se trataba de una situación simulada para demostrar algo inexistente, en definitiva, se trataba de aparentar algo falaz pero que generaba status social. Llegaron a la conclusión, que la necesidad del engaño reciproco, era más importante que pasar calor.
Curiosamente, el fenómeno psicológico de la simulación fue objeto de estudio de José Ingenieros, y nace cuando observaba que un copo de algodón se movía, y dentro observo un gusano que aferrado a sus paredes se fijaba para desplazarla. En definitiva debía existir un vinculo entre el gusano que se ocultaba en el copo y lo movía camuflado, y el delincuente que disimula su responsabilidad jurídica ante el Juez.
Dedujo entonces, que se trata la simulación una forma de lucha, y vemos que existen dos tipos de recursos dentro de ella, y es el fraude y la violencia. La mentira, es un tipo de fraude usando el lenguaje. En el caso de la simulación, es la situación de mostrar lo que no es, por medio de un hecho. Así el enfermo por ejemplo, que simula salud en pos de una póliza de seguro.
Dentro del punto de vista de la naturaleza, los gusanos que frecuentan hojas verdes tienen el mismo color, algunos animales simulan formas o camuflajes para defensa, contando algunos con homocromía o mimetismos con el fin de sobrevivir.
Pero en el plano de las relaciones humanas existen numerosas situaciones de simulación. La situación de la tan nombrada libertad, para justificar invasiones armadas de los EEUU puede ser uno, o tal vez,el hecho de disimular falsa solidaridad hacia los pobres, siendo la real situación el hecho de dibujar impuestos, o el obrero que finge trabajar apresurado para terminar el trabajo y nunca termina, entre tantos ejemplos.
En esta inteligencia, el autor deduce que la sensibilidad amorosa posee un lugar importante, y establece, que esta se da en muchas mujeres, siendo la superioridad femenina determinada entre otras cosas, por un canon de belleza, la que se impone a la voluntad del hombre (Cleopatra a Julio Cesar). Pero los ejemplos continúan y son innumerables. El invento del enchapado en los joyeros, o mi amigo de la calle patricias sanjuaninas, que introducía un Isidorito dentro de un manual de Kapeluz para que su padre creyera que estudiaba, es otro claro ejemplo.
Ingenieros destaca, que la casta que disputa el cetro de la simulación a algunos políticos inescrupulosos, es el de los sacerdotes o pastores (sin distinguir credo) explotando el sentimiento religioso. Pero la utilización de la religión en las conquistas electorales, es para algunos candidatos una herramienta fundamental para captar voluntades, siendo esta, utilizada a veces por políticos no creyentes, y con el fin de mantener al pueblo calmo y obediente. Así veíamos, como se disputaban la foto con el Papa Francisco varios candidatos que jamás pasaron por un templo religioso, o la conversión del islam al catolicismo del ex presidente Menem antes de la campaña.
La invocación de frases bíblicas, o de posibles castigos divinos en los discursos, generan pánico, y si esto es alimentado con una dosis de arte escénico en la expresión, parece ser absoluta y totalmente creíble, sin serlo. Ya en el libro ‘Historia de los oráculos”, se hace referencia que nunca se dio farsantes mas empedernidos, que los explotadores del sentimiento religioso, situación esta, que bajo mi punto de vista no se da en todos los casos.
Por otro lado existen las simulaciones intelectuales, como el que cita una jurisprudencia inexistente dentro de un juicio, o del periodista que cambia de periódico, hoy conservadores mañana troquistas. O el que alega licenciaturas sin siquiera poseerlas.
Las simulaciones de tipo patológico, son las que generan sugestión (simula una posesión diabólica, o simula vicios fingidos) dentro de ella se ve el fenómeno de psicosis mística, psicosis fantástica o mitomanía patológica.
Pero si la simulación está asociada a la lucha o defensa, ¿cual es el sentido de demostrar o aparentar riquezas o poder? ¿Será tal vez que no pudiendo defender la moral, la sociedad acentúa su defensa en las hipocresías y las apariencias se convierten en un culto?

