Superar la antinomia Rosas/Sarmiento no es sólo un dato histórico que ha caracterizado la historiografía de nuestro país habiendo zanjado el pensamiento político argentino desde fines del siglo XIX, constituyendo tal vez una de las razones fundamentales de las posteriores determinaciones y sucesos políticos que acaecieron a lo largo de nuestra historia. Lograr tal superación importa alcanzar un grado de maduración cívica que requiere nuestro sistema social, implica dejar de ser una sociedad de adolescentes para adoptar conductas y criterios que nos posibiliten avanzar hacia un horizonte definitivo de estabilidad, desarrollo y confianza. Superar la fragmentación del pensamiento político no significa neutralizar el principio republicano del pluralismo de ideas, todo lo contrario: implica afianzarlo en cuanto se reconoce como motor del pensamiento el disenso, el debate de ideas u opiniones, empero dentro de los límites que impone la racionalidad, los cuales constituyen la separación entre el pluralismo y el autoritarismo, este último se da a través del pensamiento único cuando el que triunfa se impone en detrimento del otro, aferrados a un supuesto dogma verdadero que no admite discusión, y por tanto, el propósito será la eliminación política del disidente. En retrospectiva histórica el mentado antagonismo se expuso a través de posiciones políticas irreconciliables, lo que implicó para ambos sectores, aunque en distintas etapas, el destierro o exilio como consecuencia del pensamiento autoritario, que unos (Rosas) fundaban en el riesgo de la disgregación o anarquía, y los otros (Sarmiento) en el desdeño a lo vernáculo sinónimo de barbarie. Pues bien el tiempo actual nos demuestra que aún seguimos siendo rehenes de aquella fragmentación ideológica que es menester superar de una vez para siempre mediante el respeto o acatamiento de los límites que impone la racionalidad. Lograr una suficiente maduración cívica significa proyectar un Estado de grandes dimensiones, en el cual el ámbito de la iniciativa privada ofrezca las lógicas oportunidades para el desarrollo económico de los individuos, puesto que debe ser este, el sector privado de la economía, el ámbito natural donde se busque consolidar una posición económica, y de esta forma desterrar la concepción de la ‘política’ como una única alternativa pecuniaria o patrimonial.

Indudablemente que en la medida que la motivación fundamental para hacer ‘política’ sea un criterio estrictamente pecuniario los rendimientos que se han de esperar no serán muy auspiciosos como lo demuestra diariamente la realidad. Si hay algo que caracterizó a los próceres de la patria -valga mi homenaje en esta época especial- además de sus encendidas pasiones, fue el criterio de servicio o vocación que los obligó a transitar los caminos de la política en enormes dimensiones.