Pocos temas hay en la actualidad que despierten tanto antagonismo, divisiones sociales, debate y crispación como el aborto, entre dos posturas no exentas de condicionamiento ideológico y que claramente se identifican con los "progresistas" acompañados siempre por la izquierda, quienes están a favor de la situación legal del aborto, y la "derecha conservadora" en contra de la misma. Este debate parecería que se diera entre, los partidarios del "progreso", los que defienden los derechos de la mujer, y los que se resisten a tal "progreso", debido a sus convicciones religiosas o morales.
Algo de lo que usualmente utilizan para tachar los argumentos a favor de la vida es que: las personas "religiosas” defienden la vida. Pero yo les hago una pregunta ¿hay que ser católico, musulmán, judío o budista para defender la vida? Defenderla es algo que nos compete a todos como miembros de la humanidad, garantizada y protegida por un Estado democrático.
Evidentemente este planteamiento del problema del aborto no es aceptable, por la falsedad de las premisas que se establecen en el mismo debate. Esto no es cuestión de religiones. Este debate es simplemente el derecho a defender algo tan básico como es "el derecho a la vida".
Nuestros gobernantes deberían dirigir su atención en promulgar leyes más severas que castiguen al verdadero agresor, el violador, y brindar todo el apoyo a la mujer agredida sexualmente y al niño no nacido, verdaderas víctimas.
Lo científico demuestra que desde el momento de la concepción ya comienza formarse una vida, entonces, sería atentar contra "la vida misma".
El aborto no se trata de un progreso. En todo caso sería un fracaso, al no poder ayudar a una vida humana a que llegue a su término, ni tampoco se trata de un empecinamiento religioso. Me parece más constructivo plantear la cuestión del aborto desde una reflexión propia, teniendo en cuenta los conocimientos científicos que hay en torno al ser vivo, alojado en el seno de la madre, con una vida independiente de la misma.
Efectivamente, lo primero que hay que valorar es la entidad del embrión; precisamente, las técnicas de fecundación in vitro permiten ahora conocer lo qué sucede minuto a minuto, tras la fecundación, de un embrión humano y cómo en las primeras 24 horas el cigoto (célula que resulta de la unión de las células sexuales masculina y femenina y a partir de la cual se desarrolla el embrión de un ser vivo), se desarrolla como un cuerpo, no como un montón de células iguales, y se definen muchos aspectos esenciales del nuevo ser. La ciencia, del embrión humano, afirma que es el mismo individuo humano el que existe en la vida embrionaria, en la juventud o en la ancianidad; el cuerpo cambia continuamente desde el inicio a la muerte, pero mantiene su identidad.
No podemos quedarnos callados al escuchar que "se debe debatir sobre decidir la vida". ¿Acaso el derecho a la vida no es el principal derecho y que está por encima de cualquier otro? Sin él no existirían los demás derechos, tampoco la libertad. Se trata de un derecho primordial que es anterior a cualquier legislación, es decir no lo otorga ningún Estado, sino que es inherente al ser humano.
"Para aquellos que argumentan el aborto tras una violación, debemos ser realistas, el aborto no borra la violencia que sufrió una mujer agredida sexualmente, tampoco reducirá la tasa de violaciones. Al contrario, estaremos sometiendo a la mujer, víctima de violencia, a una segunda violencia, la de matar a su propio hijo. Además, corremos el riesgo de "legitimar la violación", ya que muchos de los violadores, pertenecen al entorno familiar de la víctima, "taparán" su delito sometiendo, al aborto legalizado, a su víctima, muchas veces menores de edad.
Por Jorge Reinoso Rivera
Periodista
