El escándalo protagonizado por Hebe de Bonafini, al resistirse a una citación de la Justicia por una causa que la involucra no debe sorprender, tanto por la personalidad de la luchadora por los derechos humanos como por los militantes que la rodeaban, varios también procesados. Finalmente el episodio mediático terminó al levantarse la orden de detención luego de que la defensa de la titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo acordara con el juez Marcelo Martínez de Giorgi la indagatoria en los próximos días, en el marco de la causa ‘Sueños Compartidos’ por presuntos desvíos de fondos en la construcción de viviendas sociales.
La opinión pública ha quedado dividida entre los que hablan de persecución política por la cercanía de Bonafini al kirchnerismo y a sectores radicalizados de izquierda y quienes defienden la igualdad ante la ley y separan con lógica la corrupción de los derechos universales. Otros señalan que en esta pulseada ganó Bonafini, pero la mayoría aplaude al juez por su temple y cautela para evitar lo que buscaban los agitadores: el choque con la Policía y exhibir las imágenes como ‘víctimas de la represión’.
Además Bonafini no es la principal acusada en esta investigación que lleva más de cuatro años, porque señala a los hermanos Sergio y Pablo Schoklender como los principales autores. Fueron los apoderados de la fundación y tuvieron el manejo del dinero. El faltante de unos 206 millones de pesos, fue en connivencia con funcionarios nacionales, provinciales y municipales para obtener ilegítimamente recursos de la Secretaría de Obras Públicas, cuyo extitular, José López, cayó preso el 14 de junio cuando lo sorprendieron con nueve millones de dólares en un convento de General Rodríguez.
Por eso estos episodios vergonzantes tienen otra lectura. La primera es la personalidad de Bonafini, que sin dejar de reconocerle su valentía frente a la dictadura al iniciar su lucha por los derechos humanos, también se debe recordar que ella no cree en la democracia sino en que el poder se logra mediante la lucha para instaurar una revolución marxista que la historia muestra sus fracasos. Pero también no sólo por su edad sino por su particular pensamiento, puede ser inimputable si festejaba los ataques a las Torres Gemelas donde murieron 3.000 personas y gozaba con los atentados de la ETA. Ahora llama a la resistencia, ocupando plazas y calles.
Por algo muchas madres se fueron de su lado, cuando se apropió ideológicamente del pañuelo blanco y de la verdad histórica.
