Aunque parezca mentira, en pleno siglo XXI no faltan amenazas (veladas o explícitas) contra la libertad religiosa. Argentina y en general todo Occidente, la respeta. Un derecho humano básico que a esta altura de los tiempos ya debería ser un logro en todo el planeta: respetar el deseo de libertad de todo hombre a expresar públicamente su fe religiosa. Ello incide directamente en la dignidad de cada hombre y mujer. Estas aspiraciones no han de ser culturalmente condicionadas o el resultado de la imposición de ideales occidentales. Son parte de cada uno de nosotros, de nuestra naturaleza que desea "religarse" a Dios.

Hay valores universales compartidos por todas las culturas, etnias y religiones.

El dominico español Francisco de Vitoria (considerado por muchos "padre del derecho internacional") ya en el siglo XVI había imaginado algo similar a lo que es hoy Naciones Unidas. Una legalidad internacional es posible (explicaba) porque existe un "derecho natural" escrito en el corazón de toda persona, un conjunto de valores que son universales, objetivos y que no cambian. La tradición del derecho natural presume que hombres y mujeres somos religiosos por naturaleza. Presume que hemos nacido con un deseo innato de trascendencia y verdad.

Estas ideas están en el centro de la Declaración universal de los derechos del hombre de 1948. Muchos de los que han trabajado en ese documento, como el filósofo francés Jacques Maritain, creían que esta carta de libertad internacional reflejase la experiencia de los EEUU. El famoso artículo 18 de la Declaración recita: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o creencia, y la libertad, a nivel individual o en grupo, en público o en privado, de manifestar la propia religión o creencia…".

Pero este derecho no está garantizado en todo el mundo. El ejemplo más claro lo tenemos en ISIS en nuestros días. Una crueldad sin límites parece avanzar desde Oriente hacia Occidente, pues Francia ha sido en este año, blanco de dos ataques furibundos. "El Islam debe aclarar dos cosas en el diálogo público: las cuestiones relativas a la violencia y su relación con la razón", afirma Benedicto XVI en su bello libro Luz del Mundo. No todos los musulmanes son violentos.

De hecho, después del discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona del 12 de septiembre de 2006 sobre Fe y Violencia, y de las diversas reacciones que produjeron altercados insólitos y hasta agraviantes, 138 eruditos musulmanes escribieron una carta con una manifiesta invitación al diálogo y con una interpretación del Islam que lo coloca en diálogo con las grandes religiones, especialmente el cristianismo. El Rey de Arabia Saudita y los reyes de los Estados del Golfo, parecen desear el asumir en común con los cristianos una posición clara contraria al abuso terrorista del Islam.