Una de las causas más importantes del fracaso escolar y comprensión lectora es el tratamiento didáctico que se le da a la lectura. Si bien constituye un objetivo esencial la enseñanza de la lectura, casi siempre queda relegada exclusivamente a la hora de lengua y a los primeros años de escolarización.
La práctica de la lectura pone al niño en contacto con diferentes saberes técnicos, científicos o artísticos, favoreciendo su educación integral, en la medida que lo sitúen en una dimensión cargada de valores. Por ello, las competencias necesarias para una alfabetización adaptada a esta sociedad pasan por la escuela y la biblioteca.
Es función de la biblioteca escolar tratar de utilizar las competencias lectoras junto a otras habilidades necesarias para el pleno aprovechamiento de las tecnologías audiovisuales y la interactividad con las computadoras e Internet. Ella es depositaria de libros, cd, roms y ordenadores. Estos recursos deben ser utilizados para el acceso a la información y conocimiento, pero exigen incorporación de aptitudes, competencias y actitudes en su utilización.
La biblioteca escolar es uno de los espacios para desarrollar y satisfacer las habilidades relacionadas con la lectura y escritura. Para desarrollar un aprendizaje autónomo (aprender a aprender) éste sugiere una intervención educativa atenta y comprometida con la lectura y la biblioteca escolar. Es así, que se convierte en un espacio de comunicación e intercambio y es un recurso pedagógico de primer orden. Los resultados de las "Pruebas Internacionales” (PISA) exigen reflexionar sobre nuevas propuestas que tiendan a mejorar la calidad en el aprendizaje de la lengua. Es decir lograr personas alfabetizadas. Si bien es cierto que el Ministerio de Educación de la Nación envía programas que tienden a la formación de lectores competente, con la promoción de actitudes reflexivas y críticas ante diferentes medios de transmisión y difusión de la cultura. Por ello, la biblioteca y la escuela son animadoras de la lectura. La formación lectora es una prioridad para mejorar la calidad de los aprendizajes y necesariamente, impacta en el aula, pero compromete a toda la institución.
Comprometerse con la lectura se logra a través del ejemplo, creando espacios, y frecuentando la biblioteca. Un docente que no siente placer por leer, no tendrá alumnos lectores. Una familia que no lee, sus hijos no serán lectores. El bibliotecario escolar no enseña a leer, sino que coparticipa con el docente en el proceso de la formación lectora; desde diferentes actividades como la "animación a la lectura”.
La formación de lectores depende del tratamiento didáctico-pedagógico que se le da a la lectura desde todos los espacios. Transformar la biblioteca escolar para lograr un proyecto de "animación de la lectura” implica cambios organizativos y metodológicos, con una actividad transversal, es decir que pase por todas las áreas del conocimiento o disciplinas. Esta responsabilidad, además del bibliotecario, debe incluir a todo el equipo docente. Ante las dificultades en la comprensión lectora, la labor de la biblioteca escolar es desterrar las actitudes negativas que el alumno tiene respecto a la lectura, partiendo de que es una opción personal con libertad de elección.
(*) Especialista en educación, escritora, productora del programa "Botica Educativa” Radio Sarmiento.
