La reunión de presidentes de las naciones integrantes y asociadas del Mercado Común del Sur (Mercosur), que tendrá sede en nuestra provincia el martes próximo, tiene de por si la gran importancia institucional y política que implica un encuentro de tanta trascendencia, pero para los sanjuaninos es mucho más que una cita diplomática porque establece un inédito hito histórico.

No es habitual que cónclaves de jefes de Estado, acompañados de numerosas comitivas de personalidades y rodeados de un despliegue logístico extraordinario, se desarrollen en ciudades que no son capitales nacionales, ni destinos turísticos significativos para dar marco a encuentros de alta repercusión internacional. Por ello es un honor y un desafío para San Juan, ya que nos enorgullece como anfitriones, sin distinciones sectoriales, porque toda la sociedad sanjuanina es conciente de que se pone en juego una imagen que va a quedar documentada por un gigantesco despliegue periodístico.

También porque la convocatoria del Mercosur, con los presidentes de Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile, Bolivia, Venezuela y Argentina, tiene esta vez una agenda clave para fortalecer las relaciones bilaterales y con ellas potenciar la presencia del bloque sudamericano en la economía global. Pero más allá de las deliberaciones del grupo, en forma paralela se cumplirá un encuentro de la llamada Cumbre Social, que sesionará en la Legislatura provincial con representantes de movimientos sociales, ONGs y de profesionales, entre otros y, por otra parte, en la UNSJ habrá un foro de pueblos originarios.

Dar respuesta a la acogida que merecen estas expresiones políticas, institucionales, culturales y sociales con intervención de las colectividades de nuestro medio -incluyendo un encuentro deportivo-, es un desafío complejo y de gran responsabilidad, que parece cerrarse al cumplirse con todas las expectativas para una feliz estadía de las delegaciones y participantes.

Es de esperar que la Cumbre de San Juan pueda dar al mundo un ejemplo de concordia para solucionar desencuentros que no se compadecen con la fortalecida democracia latinoamericana. Ojalá el diálogo fructífero y la razonabilidad que liman asperezas y conducen a la paz, sea la nota destacada de pueblos hermanos que tienen un objetivo común: el desarrollo.

Que los resultados del encuentro generen un empuje vital para el crecimiento y, aunque no sea un punto específico, la cuestión Venezuela-Colombia no pase de la verborragia circunstancial.