El presidente de Egipto, Abdelfatah al Sisi, inauguró hace dos semanas el Nuevo Canal de Suez, una colosal obra marítima de 35 kilómetros de largo, paralela a la histórica y obsoleta comunicación entre los mares Rojo y Mediterráneo, en busca de revertir la imagen de un país devastado por la represión, la polarización política y la depresión económica.
El mandatario que desalojó del poder a los islamistas califica al canal como "el regalo de Egipto al mundo”, en su afán de posicionarse en un contexto político y económico diferente al convulsionado Oriente Medio. El nuevo Canal de Suez pretende ser un mensaje de que los egipcios prefieren la vida antes que el terrorismo, desde el momento en que los trabajos se llevaron a cabo bajo azarosas circunstancias políticas y de seguridad, según el presidente, en alusión a la insurgencia yihadista que golpea a la península del Sinaí.
Las autoridades de El Cairo son por demás optimistas en cuanto a esta obra que, a su juicio, transformará a la nación a partir del la rentabilidad de los ingresos de una vía por la que transita el 8% del comercio mundial. Este proyecto estrella de Al Sisi estuvo presidido de una intensa campaña mediática, destacándose la inversión de 8500 millones de dólares, con la esperanza de que el aumento del tráfico logre duplicar los ingresos desde los 5300 millones de dólares del año pasado a unos 13.200 millones estimados para 2023. El nuevo Canal de Suez permitirá reducir el tiempo de tránsito de los barcos -pasará de las 18 horas actuales a las 11 horas- y multiplicará la capacidad de la vía marítima de los 49 buques diarios a los 97 previstos para la próxima década.
Los analistas internacionales, sin embargo, afirman que las expectativas generadas por el régimen pecan de excesivo optimismo. Según los cálculos de las principales consultoras, para lograr los objetivos expresados en la ceremonia inaugural, el volumen del comercio mundial tendría que aumentar alrededor del 9% anual, lo que es mucho más alto de la media del 3% de crecimiento experimentado en los últimos cuatro años.
El nuevo canal es una obra importante, sin duda, pero la pomposa inauguración tuvo ante todo el propósito de relanzar la economía egipcia luego de más de cuatro años de agitación política, y volver a captar la inversión externa.
