
El papa Francisco en su magisterio sobre "la alegría del amor" (Amoris laetitia) nos continúa iluminando sobre una educación integral de los hijos, que incluya la fe. Escribe Francisco: "La educación de los hijos debe estar marcada por un camino de transmisión de la fe". Esto comienza en el bautismo, donde, como decía San Agustín, las madres que llevan a sus hijos "cooperan con el parto santo". Después comienza el camino del crecimiento de esa vida nueva. La fe es don de Dios, recibido en el bautismo, y no es el resultado de una acción humana, pero los padres son instrumentos de Dios para su maduración y desarrollo. Entonces es hermoso cuando las mamás enseñan a los hijos pequeños a mandar un beso a Jesús o a la Virgen. ¡Cuánta ternura hay en ello! En ese momento el corazón de los niños se convierte en espacio de oración" (AL,287).
Ciertamente, esto "se dificulta por el estilo de vida actual, por los horarios de trabajo, por la complejidad del mundo de hoy donde muchos llevan un ritmo frenético para poder sobrevivir" (AL,287). Sin embargo, la educación de la fe forma parte fundamental de la educación de los hijos.
EDUCACIÓN DE LA FE
Los padres engendran el hijo no solo para este mundo, sino que lo engendran para la eternidad. Mal harían los padres si, absorbidos por la necesidad de ganar el pan de cada día, apenas se dedicaran o descuidaran la educación de la fe. Por muchas que sean sus ocupaciones, han de buscar el tiempo para esta tarea indelegable de ser los formadores de la fe de sus hijos.
Escribe Francisco: "La transmisión de la fe supone que los padres vivan la experiencia real de confiar en Dios, de buscarlo, de necesitarlo, porque sólo de ese modo "una generación pondera tus obras a la otra, y le cuenta tus hazañas" (Sal 144,4) y "el padre enseña a sus hijos tu fidelidad (Is 38,19)" (AL,287).
LOS PRIMEROS CATEQUISTAS
Los padres son los primeros y permanentes catequistas de sus hijos, y han de enseñar la fe y el amor a Dios con la palabra, con el ejemplo y con el testimonio de vida cristiana coherente con la doctrina católica. Dios ha puesto en sus manos el tesoro de los hijos, y los llama a ser los modelos, los maestros y los guías en la fe.
De esta manera, señala el Papa Francisco, "la familia se convierte en sujeto de la acción pastoral mediante el anuncio explícito del Evangelio y el legado de múltiples formas de testimonio, practicando las obras de misericordia corporal y espiritual. Todos deberíamos ser capaces de decir, a partir de lo vivido en nuestras familias: "Hemos conocido el amor que Dios nos tiene" (1Jn 4,16). Sólo a partir de esta experiencia, la pastoral familiar podrá lograr que las familias sean a la vez iglesias domésticas y fermento evangelizador en la sociedad" (AL,290).
Por Ricardo Sánchez Recio
Orientador Familiar. Bioquímico legista. Profesor en Química
