En artículos anteriores, nos referíamos al amor en el matrimonio, según el documento "Amorislaetitia” del papa Francisco. Queremos ahora continuar con algunas reflexiones de su magisterio sobre el amor conyugal.
Son muchos los que hoy piensan que prometerse amor para toda la vida sea una empresa demasiado difícil; muchos sienten que el desafío de vivir juntos para siempre es hermoso, fascinante, pero demasiado exigente, casi imposible.
- Cultura de lo provisional
El Papa Francisco señala: "¿Es posible amarse "para siempre?”. Muchas personas hoy tienen miedo de hacer opciones definitivas. Es un miedo general, propio de nuestra cultura. Esta cultura que hoy nos invade a todos, esta "cultura de lo provisional”. Hacer opciones para toda la vida parece imposible. Hoy todo cambia rápidamente, nada dura largamente. Y esta mentalidad lleva a muchos que se preparan para el matrimonio a decir: "estamos juntos hasta que dure el amor”, ¿y luego? Muchos saludos y nos vemos. Y así termina el matrimonio. Por favor, no debemos dejarnos vencer por la "cultura de lo provisional” (Encuentro con novios 2014).
- El desafío de los cristianos
Estar juntos y saber amar para siempre es el desafío de los esposos cristianos. Un signo claro de este deseo de amar para siempre es el "corazón de los enamorados” que vemos grabado en muchos árboles. En efecto, ellos están allí representados por sus nombres escritos sobre la corteza y la flecha de Cupido atraviesa ese corazón uniendo sus nombres por el vínculo de amor. De suerte que todo el que pase por delante de ese árbol, sea testigo de que se aman mutuamente, de que ya son un solo corazón y una sola alma por el amor, que quieren amarse para siempre, porque "el amor no tiene fecha de vencimiento”.
Y las alianzas o anillos que los esposos se colocan durante la ceremonia matrimonial, son el símbolo visible de ese pacto de amor entre marido y mujer que les recuerda cada día que ya no son dos, sino "una sola carne” (Gén 2,24).
- Proyecto de vida
Es que, en las matemáticas del amor, uno más una no es igual a dos, sino a uno: el "yo” más el "tú” es igual al "nosotros”, porque se comparte todo, porque se tiene el mismo proyecto de vida, porque se ponen en la "piel” del otro, porque no viven para sí sino para el cónyuge y esto es "desvivirse” por el otro. Es "la decisión consciente y libre de pertenecerse y de amarse hasta el fin” (AL,217).
Escribe Francisco: "Prometer un amor para siempre es posible cuando se descubre un plan que sobrepasa los propios proyectos, que nos sostiene y nos permite entregar totalmente nuestro futuro a la persona amada. Que ese amor pueda atravesar todas las pruebas y mantenerse fiel en contra de todo, supone el don de la gracia que lo fortalece y lo eleva (AL,124).
"El Espíritu que infunde el Señor renueva el corazón y hace al hombre y a la mujer capaces de amarse como Cristo nos amó. El amor conyugal alcanza de este modo la plenitud a la que está ordenado interiormente, la caridad conyugal” (AL,120).
Por Ricardo Sánchez Recio
Lic. en Bioquímica. Orientador Familiar. Profesor.
