Se plantean desde sectores del oficialismo como así también referentes del arco opositor, distintas reflexiones sobre qué es de verdad ejercer una fuerza alternativa. A partir de este estado se puede pensar que las propuestas y soluciones tienen que necesariamente provenir de la idea de que el que hace política debe estar motivado por la izquierda o liberales. Con ese supuesto se pretende involucrar o incluir a quienes nos gobiernan.
Sin embargo se observa que está cambiado la forma de gobernar y hacer política, lo que habla de cierta madurez de los argentinos para no llegar a situaciones extremas a fin de no terminar como, por ejemplo, la Venezuela chavista. La dureza de compararlo con lo que se podía haber tenido no está lejos de nuestra realidad. Ahora bien, si nosotros no utilizamos el conocimiento para develar esta verdad y para que el ciudadano logre una comprensión de los hechos y tenga conocimiento para observar qué es lo que nos pasa, es difícil que se produzcan cambios ya que éstos no pueden venir únicamente desde el gobierno sino que deben verse en la actitud que asumen los argentinos.
Esto se puede gestar como una alternativa eficaz para hacer posible un cambio, pero no cualquier cambio sino uno basado o fundamentado en una alternativa de verdad política. Desde el olvido y el desprecio por nuestros derechos se detectan las causas principales de las desgracias sociales, de las opresiones y de la corrupción de los gobiernos, pues entonces se deduce necesariamente que este principio, ya formulado en el ideario de Sócrates quien se dirigía en términos que los verdaderos filósofos deben pensar y decidirse de entre los ciudadanos comprometidos y para seguir sus investigaciones contaba con la razón como única senda ya que ‘…mientras tengamos nuestro cuerpo y nuestra alma que esté contaminada de corrupción, jamás poseeremos el objeto de nuestros deseos, es decir, la verdad’.
Un poder político que se reclama republicano y que insiste en el consenso, el diálogo y el entendimiento para el orden interno, no puede proyectar hacia el mundo una política que no sea coherente de los valores como la paz y la coexistencia, el respeto por la autodeterminación, los acuerdos con todas las naciones, la selección de aliados estratégicos que nos permita no sólo decidir el lugar que nos corresponde en el mundo, sino aprovechar nuestras ventajas comparativas y competitivas, y por lógica la justicia por todos los atropellos que sumieron a los argentinos.
