Más de un centenar de alimentos y cultivos tradicionales, originarios de las distintas economías regionales, están en vías de desaparecer según un estudio de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Buenos Aires, que a la vez busca una forma de apoyo a los pequeños productores para que puedan llegar al mercado con alimentos artesanales de alta calidad.
Son unos 110 alimentos elaborados y frutas, hortalizas y legumbres que sirvieron de sustento durante siglos a poblaciones, hasta que el cambio generacional, los hábitos de consumo y la economía de mercado con estándares masivos de comercialización las fueron olvidando, al punto de que 32 productos ancestrales están por desaparecer. Según un relevamiento de la Comisión Nacional del Arca del Gusto, de la Asociación SlowFood, el listado incluye a la hortaliza achojcha; las frutas ajipa, tomate de monte, chirimoya y pitanga; los tubérculos ulluco y añu; el licor de yatay; el arrope de algarroba y la miel de abejas meliponas. También el arrope de uva y el alfeñique, golosina derivada de la caña de azúcar.
Los sanjuaninos deberíamos agregar al patay, el cocho, la añapa, chuchoca, torta de trilla, los cítricos de Valle Fértil como chirimoya, sidra, y toronja, que reaparecen en ferias artesanales, igual que tabletas y tortitas jachalleras.
Si desde el ámbito académico se implementan programas para alentar a los pequeños productores para seguir manteniendo la cultura de los alimentos típicos con la seguridad de venderlos en un mercado alimentario artesanal de alta calidad, sin duda el consumidor sabrá valorar el esfuerzo. Se va asegurar tanto la subsistencia de pueblos ignorados como de una historia renovada.
