La poesía va ligada a la creación del Universo, porque en un todo va vibrando a través de la tierra en la palabra del hombre. Un poema nace sin pensarlo anteriormente.
En una reunión de café, junto a unos cuantos poetas y escritores, un novato, dijo: "Ayer me senté junto al escritorio y me puse a escribir poemas". Todos nos miramos sorprendidos. El más viejo de los poetas presentes, dijo: "Mirá muchacho no reniego de tu poesía, pero te advierto que la poesía no es un amontonamiento de palabras. Si no hay inspiración no hay poesía. Una cosa es la intuición creadora y otra es el poema que brota accidentalmente, sin pensar. El poeta debe tener la suficiente paciencia, para esperar esa voz interior que le dice: "Ahora". Esa respuesta dio tela para que nos enfrascáramos en un montón de consideraciones sobre la creación poética. Los estados emocionales de quien la escribe, las situaciones normales y aquellas otras de origen místico o sea las realidades, invisibles; que muchas veces nos lleva a escribir un poema.
De esa conversación quedó en claro que el poeta tiene que tener la agudeza y el auto-dominio de la inteligencia en el momento de la inspiración, para lograr el poema.
También hablamos de qué o quiénes nos inspiraban: La mujer en primer término, el paisaje, las estaciones del año, el niño la madre, el anciano, la vida en todo su conjunto y no dejamos de mencionar a Dios, fuente de inspiración, no sólo de poetas, sino de escritores de todo los tiempos.
Y bien, pues: esas son las ideas, las palabras que siempre nos arrastran a largas discusiones que nunca terminan en una reunión; -sino la próxima, la seguimos- Pero antes de terminar con estas consideraciones, recuerdo el último encuentro, donde tocamos el tema "Para qué sirve la poesía". Es algo que siempre hemos tratado, no sólo aquí en las reuniones o charlas de poetas y escritores, sino también fuera de la provincia en encuentros con otros poetas y pensadores, donde llegamos a la conclusión de que con la poesía no se come pero, ¡cómo alimenta el espíritu!
