Hoy todos interrogan a los expertos de cada disciplina para tratar de individualizar la naturaleza del mal que ha golpeado a la familia. Vale la pena interrogar al primer experto del problema: se llama Dios. En otras palabras, nos preguntamos, ¿qué dice la Palabra de Dios respecto a la familia? En la Sagrada Escritura se descubre que la familia ocupa un lugar central en el pensamiento de Dios. Se demuestra fácilmente. Cuando Dios crea al hombre, la Biblia no dice que ha sido creado el hombre, sino la familia. La frase empleada por la Escritura es sugestiva: "Dios dijo: hagamos al hombre (humanidad) a nuestra imagen y semejanza. Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó: hombre y mujer los creó": es decir, familia.
En el curso de la historia del pueblo elegido por Dios para preparar el camino a Cristo, él lenta y progresivamente se hace conocer a sí mismo, su pensamiento, sus intenciones, su rostro. He aquí una vez más, un aspecto sorprendente. Cuando Dios busca una imagen para hablar de sí mismo, de aquello que siente hacia la humanidad, de lo que quiere de la humanidad, él elige la imagen del matrimonio. Son páginas estupendas las de los profetas Isaías y Oseas. Dios se compara con un padre, una madre, un esposo, un novio.
En el pensamiento divino, la familia tiene un rol central, y por tanto, la corrupción de la familia es sinónimo de quiebra de la sociedad. Cuando Jesús viene a la tierra, preparada sorprendentemente durante dos mil años de anuncios, hace su ingreso al mundo entregándose a una familia: la más humilde, la más pequeña, la más simple. El evangelio de hoy es el de las bodas de Caná (Jn 2,1-11). Juan, que relata el hecho, no lo llama milagro, sino "signo". Es decir, que nos invita a mirar no tanto al prodigio, sino al sentido que Jesús le da.
La presencia de Cristo en las bodas de Caná, donde realiza su primer signo o hecho prodigioso de su vida pública, es un hecho que nos invita a la reflexión. Esta presencia de Cristo en un casamiento, nos dice que la familia no es completa si falta Dios.
La familia ha sido creada para acoger a Dios, y por tanto, la ausencia de Dios en ella significa su fracaso. Paternidad y maternidad son dos modos que Dios ha elegido para presentarse al mundo. Pensemos en la frivolidad con la que en la actualidad se viven estos dos roles y encontraremos la razón por la que tantos hijos no encuentran la brújula para caminar. ¡Cuántas desaventuras de jóvenes se podrían haber evitado si hubieran tenido padres según el designio de Dios!
Pienso en un joven que integraba una banda delictiva, quien luego de ser apresado y llevado a la cárcel, declaraba: "En mi casa me daban sólo vanidad y formalismos: huí transformándome en un criminal. En el dolor de la cárcel he encontrado el camino para descubrir a Dios". Pienso en Jacques Fesch (1930-1957). Es un reconocido converso francés. Encarcelado por el asesinato precipitado de un policía luego de un intento de atraco, se arrepintió profundamente de su crimen y se convirtió en un católico ferviente durante su confinamiento de tres años y medio. Fue condenado a morir en la guillotina a la edad de veintisiete años. Mientras permanecía en la prisión de "La Santé" a la espera de su ejecución, inició un diario espiritual dedicado a su hija Véronique de seis años de edad. En la última página de ese diario, publicado después de su muerte, escribió: "Dentro de cinco horas veré a Jesús".
La Iglesia Católica reconoció su arrepentimiento y su conversión en la cárcel, y se abrió el proceso para su beatificación. La tarde antes de su ejecución, Jacques, que había llevado antes una vida dispersa, se unió a su esposa mediante matrimonio religioso, realizado por poderes, pues a ella no le fue permitido ingresar en la prisión.
En su diario escribió: "En mi casa existía sólo el dinero, y por el dinero yo cometí un grave delito. Si todos me enseñaron que es importante sólo divertirse, ¿por qué no podía matar para divertirme aún más?". Son interrogantes dramáticos. Podemos suscribir plenamente esta declaración de un padre: "No hemos dado nada a los hijos, si no les hemos dado los valores por los cuales vale la pena vivir".
No es cristiana una familia que oprime a sus hijos con palabras, sólo exigencias y permanentes advertencias. Es cristiana la familia en la que humildemente se vive la fe, recordando que Dios actúa siempre en el surco de la paciencia y de la coherencia. La educación se da así. Santa Teresita de Lisieux, hablando de su familia, decía: "He nacido en una tierra santa". ¿Cuántos hijos podrán decir esto? Es necesario y urgente una inversión de ruta. Tener un lugar a donde ir se llama Hogar. Tener personas a quien amar se llama Familia, y tener ambas se llama Bendición.
Por Pbro. Dr. José Manuel Fernández
