Se ha informado en ámbitos de salas de urgencia, guardias hospitalarias y clínicas locales, que son mayores los casos de adolescentes y jóvenes que ingresan a estas dependencias los fines de semana bajo los efectos del consumo descontrolado de alcohol en fiestas o reuniones propias de ese grupo etario.

Las situaciones en algunas oportunidades son dramáticas, pero en la mayoría de los casos son los propios padres los que se encargan de minimizarlas para evitar tener que dar explicaciones sobre la incomunicación que tienen con sus hijos o el grado de desconocimiento de los lugares que frecuentan.

Hay testimonios de muchachos y de chicas que han comenzado festejos un día jueves y los han prolongado hasta el domingo, probando en ese lapso las más diversas bebidas alcohólicas hasta llegar a grados de alcoholismo muy graves, que determinan su internación y en otros casos una larga convalecencia para alcanzar su recuperación.

El problema del alcoholismo en los jóvenes alcanza niveles realmente alarmantes, por su vinculación con los accidentes de tránsito, agresiones, relaciones sexuales no deseadas, delincuencia y vandalismo.

Mientras no se tome conciencia de que el alcoholismo, al igual que el tabaquismo, son las puertas de ingreso a adicciones más peligrosas, y los padres no asuman la responsabilidad de controlar el comportamiento de sus hijos, estos hábitos llevarán a que los jóvenes sigan cometiendo actos inapropiados, que luego generan grandes arrepentimientos.

Concientizar a este sector de la población sobre los riesgos a los que se somete debería ser prioritario desde el nivel escolar de forma enérgica y esclarecedora.