Según informe de la ONU, la esperanza de vida de los hombres rusos no llega actualmente a 60 años, en gran parte por el consumo de bebidas blancas de alta graduación alcohólica. Se trata de una adicción peligrosa que desde la época de los zares se ha intentado frenar sin éxito en ese país. Ahora el gobierno de Moscú intenta frenar esta larga tradición prohibiendo la publicidad de bebidas alcohólicas en todos los medios, incluyendo internet, transporte público y cartelería vial, a partir del 1 de enero de 2013. Esta prohibición llega después de que se duplicara el precio de la botella de vodka en otro intento por combatir el alcoholismo.
Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los rusos consumen unos 18 litros de bebidas alcohólicas fuertes al año, ocho litros más del límite considerado peligroso por el organismo internacional. El gélido clima del país ha contribuido a cimentar esta perniciosa adicción, pero ha sido el propio Estado el que lo ha fomentado, como ocurrió en tiempos de Stalin, para acrecentar sus arcas con las cargas tributarias aplicadas a esas bebidas.
Dimitri Dobrov, presidente de la Unión Rusa de Productores de Alcohol, lo plantea desde otra perspectiva. Afirma que uno de los grandes problemas del alcoholismo ruso es la producción y venta ilegal, afectando a productores legítimos pero no a quienes operan en el mercado negro. Unas 500.000 muertes anuales en Rusia están relacionadas con el exceso de alcohol, determinando que una mujer rusa vive unos 73 años en promedio, mientras el hombre no llega a los 60, o sea con expectativas de vida de 17 años menos que los europeos occidentales, según las Naciones Unidas.
