El cóndor andino, el ave voladora más grande del mundo y emblema de la Cordillera de los Andes y sierras vecinas, se encuentra amenazado en los pocos reductos que le quedan en el continente, y sus poblaciones estarían decreciendo rápidamente. El cóndor juega un papel importante, ya que como ave carroñera consume restos de animales muertos contribuyendo a la circulación de la materia dentro de los ecosistemas.

Por encontrarse en la categoría vulnerable, de acuerdo a la Resolución 348/210 de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, se trabaja en la conservación junto a varias entidades proteccionistas, caso de la Fundación Vida Silvestre Argentina, cuya tarea fue premiada en el certamen "Amigos por el Mundo” de Disney Latino.

La situación del ave, que habita también en nuestra provincia, ha dado lugar al Primer Taller Regional para la Conservación del Cóndor Andino, que se celebra en Lima con expertos de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú, los países donde todavía reina el cóndor. El encuentro busca establecer estrategias para un plan de acción regional sustentado en políticas públicas con elementos aportados por la educación ambiental, la investigación en las universidades, y los estudios y proyectos de las organizaciones proteccionistas no gubernamentales.

El cóndor andino es una especie única, longeva, capaz de volar grandes distancias, y su disminución radica en la baja tasa de mortalidad natural y de reproducción, dado que puede criar un solo pichón cada dos a tres años. Las principales causas de la disminución están relacionadas con la percepción que ataca al ganado, o el envenenamiento involuntario por el control de depredadores, y la comercialización de sus plumas. Pero, como especie carroñera, se alimenta de animales muertos, no caza ni es predadora.

Sin embargo la caza furtiva, persigue al cóndor como animal dañino y peligroso, principal argumento para abatirlo cuando merodea sobre rebaños y corrales cercanos a las montañas donde anida. La disminución también radica en la baja tasa de reproducción, dado que puede criar un solo pichón cada dos a tres años.

El caso de Ecuador parece terminal: sólo contabiliza 50 cóndores, por lo que dispuso acciones urgentes para su conservación como la crianza en cautiverio y el uso de la telemetría satelital para investigar su desplazamiento y lugares de migración.