Los baños termales de La Laja, perdieron el brillo que los hacía atractivos en antaño.

 

Siendo niño, recuerdo los viajes o cortos periplos que mi padre realizaba con sus hermanos o amigos al interior de la provincia, conduciendo su auto marca Valiant III. Para ellos era una fiesta recorrer parajes y más parajes de esta querida tierra sanjuanina. Un destino frecuente eran las aguas termales, desde las más cercanas a las más lejanas. Quizá el lugar que más visitó fue las aguas El Centenario, en el departamento de Iglesia, cercanas al complejo termal Pismanta. Iba a ese sitio y pernoctaba varios días. Era un edificio de construcción sencilla, cuyas aguas curaban el reumatismo y otras dolencias. Además se decía que los ravioles o pastas que allí preparaban eran por demás sabrosos.

Otro punto más cercano eran las aguas de Talacasto. Allí también mi padre y su amistades disfrutaron de días maravillosos. Estos recuerdos son una especie de corto preámbulo para introducirnos en el quid del tema, ya hablados por otros columnistas en este espacio; el lamentable abandono de las aguas termales sanjuaninas.

Este patrimonio natural-turístico continúa pospuesto. Sabemos que las termas Pismanta poseen prestigio internacional, pero su explotación es a medias. La enorme pileta solo se utiliza en verano, entre otras falencias, que lógicamente no pueden superar los denodados esfuerzos de la cooperativa que está a cargo del hotel.

Las termas de Pismanta comenzaron a funcionar en 1950, fecha del acto inaugural.

Los baños de Talacasto, surgidos en la década del "20 por un grupo de entusiastas jóvenes, están casi en el olvido. Este punto, con el hito que recuerda el paso de Cabot y su ejército en 1817 tiene cuantiosas posibilidades turísticas. Las Aguas del Salado, sólo son un nombre. En una publicación periodística de 1938 increíblemente se publica una pequeña propaganda del envasado de esta agua, con consejos acerca de sus propiedades medicinales para curar dolencias estomacales.

El hotel de los baños de La Laja, de una construcción formidable, no se explota en la medida de sus posibilidades. Existen todos los ingredientes para transformar este lugar en un punto de explotación turística por excelencia: la famosa falla del terremoto de 1944 y un pequeño aeródromo donde utilizan planeadores para realizar pequeños vuelos, esto se debe al empuje de dos jóvenes llenos de entusiasmo: Guillermo Piñero y Alberto Pacheco.

Otro sitio termal son los baños de Guayaupa, en el departamento de Angaco. Se accede por el camino que lleva a la Difunta Teresa. Sólo existe una pequeña pileta, a la sombra de algunos árboles. Ojalá que rápidamente los responsables de esta grandeza natural, terminen con vanas promesas y se reactive esta riqueza tan nuestra.

 

 

Por el Prof. Edmundo Jorge Delgado
Magister en Historia