El encuentro de San Martín con Godoy Cruz, el clásico cuyano disputado el sábado pasado en Mendoza, tuvo la expectativa que deparan los encuentros cargados de fervor localista, pero la violencia irrumpió antes de la llegada del equipo sanjuanino. La emboscada cuando el colectivo circulaba por el Parque General San Martín fue a balazos y una lluvia de piedras a 200 metros antes del ingreso al estadio Malvinas Argentinas, no obstante la custodia policial. Los impactos de bala suponen algo más que un desborde de un fanatismo demencial porque los disparos tuvieron un blanco definido y pudieron ocasionar una tragedia.
Nada es casual en la violencia del entorno futbolístico. Por el contrario la barbarie se recrea como rutina ya que dos días después, también en Mendoza, hubo un muerto y heridos como resultado de un ataque a balazos a hinchas de Gutiérrez Sport Club que festejaron la victoria ante Huracán Las Heras, y el ascenso al torneo Federal A. El hecho se produjo en el departamento Maipú.
Pero estos casos cercanos son réplicas del trasfondo de la oscura trama de poder e impunidad de los barrabravas enquistada en los sectores de poder como mano de obra del activismo perverso. El ámbito que anida a la violencia está lleno de "códigos” alentados por ciertos políticos, gremialistas y dirigentes de los mismos clubes que usan a las barrabravas como fuerza de choque a cambio de prebendas y pagos por los servicios marginales.
Ningún personaje habla de esto por temor a que la ira de un poder violento recaiga sobre ellos o guardan silencio al no tener autoridad moral para denunciar hechos concretos, que salen a la luz por otras circunstancias. Por ejemplo en las escuchas del caso Nisman donde Luis D’ Elía revela que pagó 25.000 pesos a la barra de All Boys para darle calor de militancia al acto de apoyo al presidente de Venezuela, Luis Maduro, en mayo de 2013.
Hace una década, el desaparecido presidente de la AFA, Julio Grondona fue a la Comisión de Deportes de la Cámara de Diputados y preguntó: "¿Cuántos empleados hay en esta casa (por el Congreso) que pertenecen a las barras bravas?”. Aludía a revoltosos que figurarían como empleados de la biblioteca o de la imprenta del Congreso y sólo van a cobrar a fin de mes.
Existen leyes, como la 24.192 que pena los delitos relacionados con espectáculos deportivos, pero policías, fiscales y jueces nunca tienen evidencias concretas para terminar con la impunidad.
