Si bien la sociedad en su conjunto es responsable de controlar el consumo de alcohol en exceso en la adolescencia y juventud, el papel de los padres es de fundamental importancia para evitar que la adicción avance al punto de convertirse en un problema crónico de difícil solución. Otros actores a los que les cabe intervenir para generar conciencia, son la escuela en particular y el Estado en general, por su vinculación a la franja etárea señalada. Siguen con menor incidencia los fabricantes de bebidas alcohólicas y los medios de comunicación, quienes en la opinión de los propios padres deberían evitar la apología del consumo proporcionando información ajustada a la realidad de las consecuencias del alcoholismo, similar a como se actúa con el tabaco.
Encuestas a nivel nacional sobre la opinión de los padres por el consumo de alcohol de sus hijos determinaron que la mayoría considera un factor negativo que los adolescentes y los jóvenes beban en exceso, pero al mismo tiempo 3 de cada 10 respondieron que permiten que sus hijos tomen alcohol, sin ningún tipo de restricción, y que no hablan en absoluto del tema en el ámbito familiar.
Romper las barreras que se establecen en el seno de las familias es, sin duda, uno de los principales obstáculos que se presentan actualmente para el diálogo. Los padres prefieren mantenerse al margen de los problemas sociales en los que suelen caer sus hijos, por temor a herir susceptibilidades o dejar en evidencia la falta de autoridad. Son ellos o los tutores los que tienen el deber de controlar el comportamiento de los hijos durante todo el tiempo, especialmente los fines de semana por la noche, que es cuando se realizan las fiestas o reuniones que motivan a los jóvenes a consumir en forma desmedida.
