Existen trabajos de mantenimiento vial que a veces son más gratificantes para automovilistas y motoristas que el anuncio de proyectos de nuevas pavimentaciones. Es que el deterioro constante de las calles urbanas y rutas principales, por el mayor tránsito y ausencia de mantenimiento, se ha transformado en una tortura para los vehículos y un riesgo potencial para los conductores, en particular de rodados menores, que deben sortear los baches, desniveles, zanjas, grietas y otros obstáculos que presentan las calzadas que ya cumplieron su vida útil, o tienen una decrepitud propia de la conservación descuidada o directamente olvidada por los entes oficiales responsables.
Los vecinos y conductores en general, reconocen la preocupación que demuestran las autoridades municipales y viales cuando emprenden estas pequeñas grandes obras que evitan las constantes maniobras evasivas para no caer en las trampas peligrosas que se presentan en la circulación tanto en nuestra ciudad como en el Gran San Juan y arterias troncales. El trabajo de bacheo, junto con la señalización y el ordenamiento de la onda verde en los semáforos, son las tareas seguramente la más importantes en la vida cotidiana, porque con la tranquilidad de conducir por una calle que no ofrece problemas, el tránsito normal evita frenadas imprevistas, o giros bruscos para eludir un obstáculo, que a veces da lugar a colisiones o caídas que llegan a ser fatales si no se toman los recaudos de seguridad. Tal vez las nuevas obras viales tengan mayor rédito político, pero los contribuyentes las agradecerán mucho más si se destinan también recursos a mantener el viejo sistema vial en óptimas condiciones, es decir sin olvidarse del bacheo oportuno.
