Los atentados al pudor, como el abuso deshonesto, son cada vez más frecuentes y lo sufren en particular las mujeres, a veces ante el dilema de hacer la denuncia y que esta sea recibida y siga el curso procesal correspondiente, por simple que aparente el caso, comparado con la gravedad de otras figuras delictivas.

Lo trascendente es que la Justicia interviene con igual rigor, sin dejar lugar a la impunidad, como lo ha confirmando la Cámara del Crimen porteña en un procesamiento por "abuso sexual simple” contra un hombre que aprovechó que una pasajera estaba dormida en un ómnibus de larga distancia, para manosearla.

La Sala Séptima del tribunal ratificó el procesamiento contra un sujeto que el 16 de septiembre pasado, en la madrugada, se sobrepasó con la damnificada cuando dormía en un viaje a Bolivia y con su mano le tocó los glúteos por encima de la vestimenta. Los jueces Juan Cicciaro y Mariano Scotto determinaron que "no se advierten razones que autoricen a inferir que (la presunta víctima) haya formulado la denuncia movida por el interés de perjudicar antojadizamente a un pasajero al que no conocía”. Si bien la azafata no pudo observar lo sucedido, refirió que una de las pasajeras de la parte superior del micro, le manifestó que era su deseo efectuar una queja, que en horas de la noche otro pasajero del sexo masculino la había manoseado, según la resolución. Cuando la azafata le preguntó al supuesto agresor qué había ocurrido, este no profirió ninguna palabra, señala el fallo, por lo que agrega que se encuentra acreditado con el grado de convencimiento requerido en esta etapa procesal, la existencia del hecho y su comisión por parte del encausado, dicen los jueces, al confirmar el procesamiento.