La pena de muerte ha seguido una tendencia a la baja el año pasado, según el informe "Sentencias y Ejecuciones de Muerte en 2010", de Amnistía Internacional. La organización aclara, además, que en ese período no menos de 31 países abolieron la pena máxima por ley o en la práctica.

El estudio señala 527 el número de ejecuciones del año pasado, por debajo de las 714 que de 2009, aunque no cuenta las cifras de Bielorrusia, Mongolia, Vietnam y China, cuyo número se mantiene en absoluto secreto. Dejando de lado a este último país, donde se supone existen cifras elevadas, quienes cuentan con mayor número de ejecuciones son: Irán, 252; Corea del Norte, 60; Yemen, 53; Estados Unidos, 46; y Arabia Saudita, 27. A mediados de los noventa, alrededor de 40 países tenían en vigencia la pena de muerte y llevaban a cabo las ejecuciones, pero a comienzos del nuevo milenio, las ejecuciones tenían lugar en una media de 30 naciones, en descenso, ya que en 2008 el número cayó hasta los 25 países y en 2009 se alcanzó el récord de sólo 19 estados con estas sentencias.

Ha aumentado considerablemente el número de países que ha abolido la pena de muerte, o que en la práctica lo han hecho: desde los 108 de 2001 hasta los actuales 13. Una publicación presentada a fines del año pasado, aportaba un análisis más profundo sobre la situación de la pena de muerte en Estados Unidos. De hecho, las ejecuciones se redujeron un 12% respecto a 2009 y, en un 50%, respecto a 1999. El número de nuevas sentencias fue más o menos el mismo que el año anterior, que tuvo la cifra más baja en 34 años: 114. En 1996 se llegó a la cifra más alta: 315.

Según el informe, aunque 35 estados mantienen la pena de muerte, sólo 12, la mayoría en el sur, han llevado a cabo ejecuciones en 2010. En Texas, líder en el recurso a la pena de muerte, tuvo lugar un gran descenso en el número de ejecuciones, con un 29% menos de sentencias cumplidas. Este descenso ha tenido lugar en un año en el que se tuvo conocimiento de errores contenidos en las ejecuciones. La decisión de ir poniendo fin a la aplicación de la pena de muerte es un paso adelante en desarrollo de una cultura de la vida.

Aplicar la pena capital, cuando hay otros medios para mantener segura a la sociedad, es un acto de venganza que niega la dignidad de la vida humana.